En Santa Clara, provincia de Villa Clara, un nuevo incidente relacionado con los apagones provocados por el régimen dejó saldo de al menos 14 familias en la ruina.
La desidia estatal, que mantiene al sistema eléctrico nacional en un estado de colapso terminal, provocó este martes una jornada de terror, incendios y explosiones que devastaron la infraestructura doméstica de los cubanos en la calle Cuarta, una zona olvidada por la dictadura.
La negligencia criminal tras el desastre
La tragedia, que pudo convertirse en una masacre humana, tuvo su origen en la negligencia absoluta que caracteriza a la empresa eléctrica a merced del castrismo.
Según la propia narrativa oficial, el desprendimiento de un cable primario sobre el tendido de baja tensión detonó una sobretensión que entró sin control en las casas.
“Producto de la sobrecarga que ocurre después de largas horas de apagón, un cable primario se partió y cayó encima del tendido que va directo a las viviendas, esto ocasionó alto voltaje, que trajo consigo algunos incendios y explosiones en toda la cuadra”, admitió con total desfachatez Juan Antonio González González, director de la Empresa Eléctrica de Santa Clara.
El horror de los ciudadanos ante la destrucción
El panorama en Santa Clara tras el suceso resultó desolador. Explosiones constantes rompieron la poca tranquilidad de los vecinos, quienes observaron con impotencia cómo sus pertenencias, fruto de años de sacrificio en una economía asfixiada por el castrismo, se convirtieron en chatarra en un abrir y cerrar de ojos.
Una persona sufrió quemaduras durante el evento, un recordatorio brutal de que, bajo este sistema, el ciudadano común arriesga su integridad física todos los días y a cualquier minuto.
La desesperación de los habitantes se hizo sentir de inmediato. Yudy Peralta Ramos, una de las víctimas, relató los instantes de horror mientras veía cómo se destruía lo poco que le quedaba. “A nosotros se nos quemaron los refrigeradores, los televisores, neveras, casi todos los electrodomésticos que no dio tiempo a desconectar”, contó.
Su testimonio, cargado de un dolor profundo, pone de manifiesto la precariedad extrema en la que viven los cubanos, obligados a depender de un servicio eléctrico que no garantiza ni la vida ni el patrimonio.
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Santa Clara, otro ejemplo del fracaso castrista
El incidente en Santa Clara es solo un síntoma más de la metástasis que corroe al país. Mientras la cúpula disfruta de privilegios y energía constante en sus zonas exclusivas, el pueblo villaclareño sufre las consecuencias de una infraestructura obsoleta que el régimen se niega a modernizar, prefiriendo invertir en hoteles vacíos y represión policial.
La respuesta oficial, enviando cuadrillas a evaluar daños, no representa más que una maniobra de relaciones públicas para contener el creciente malestar social en Santa Clara.
Los daños materiales son incalculables. El director de la Empresa Eléctrica adelantó que muchas instalaciones internas quedaron inservibles, obligando a los damnificados a asumir costos de reparación inalcanzables en un país sumido en la miseria.
La realidad es cruda: Santa Clara representa el fracaso absoluto de un modelo dictatorial que solo sabe gestionar la decadencia. Cada vez que una luz parpadea o un transformador estalla, se confirma que el régimen castrista no solo es incapaz de gobernar, sino que constituye un peligro constante para la supervivencia del cubano.
La crisis energética no es un accidente, es el resultado directo de décadas de desatención, corrupción y abandono. Mientras tanto, las familias aguardan respuestas, atrapadas en la trampa de un sistema que promete justicia mientras les arrebata hasta el último electrodoméstico, dejándoles, como única compañía, la oscuridad más absoluta.