Las autoridades migratorias de Panamá publicaron un informe en el que señalan que más de 60 cubanos han sido deportados de ese país en lo que va de año.
Tal parece que ser un deportado de los Estados Unidos a Cuba, es decir un “excluible”, imposibilita a esas personas a reinsertarse a la sociedad y llevar una vida digna en su tierra, pues el primero que les da la espalda es el sistema comunista, así lo afirma el testimonio de dos hombres que lo han vivido en carne propia.
“A los deportados ya nos dicen “excluibles”, quiere decir que estamos excluidos de esta sociedad. Nosotros aquí en este país no somos nada” Dijo el “excluible” Roberto Molina Ruiz, un hombre de 65 años
Molina aseguro que las únicas opciones de vida para ellos es trabajar o la prisión, no hay ningún beneficio como ciudadanos cubanos, ni si quiera pensar en su tiempo de retiro, pues no son tomas en cuenta en los registros.
“Para ellos tu eres lo más malo, un delincuente. Lo más malo de esta sociedad” aseguró.
Por su parte, Luis Herrera Paz, otro “excluible” de 57 años de edad, manifestó que actividades donde este alguna autoridad política o religiosa ellos no pueden estar.
“Si viene un presidente a mí se me prohíbe estar en el área, si viene el Papa, yo no puedo ir a la plaza. Yo no puedo ni donar sangre”.
Además denunciaron que sufren persecuciones por parte del régimen, ya que son obligados a aceptar cualquier tipo de trabajo.
“Desde que estoy en este país he sufrido persecución del gobierno cubano, forzado a trabajar en labores que no he quiero. Llevo aquí 16 años y me han metido preso dos veces por el supuesto peligro. Cuando vino Obama me encerraron por tres días” cuenta Molina.
Asimismo desmintieron al régimen dictatorial que asegura que en Cuba si existen libertades e igualdad para todos.
“No es lo que dice el gobierno que aquí hay libertad, que es el país más democrático del mundo. Todo eso es mentira. Yo si se lo que es este país porque he sufrido en carne propia hasta golpizas. Es así este país desgraciadamente”. Concluyó Molina
El Instituto Nacional de Migración ha asistido al menos a 43 cubanos que fueron rescatados por las fuerzas federales en distintas situaciones de peligro.
Por lo menos 21 cubanos que se encontraban secuestrados en Cancún y que fueron rescatados por las autoridades en marzo de 2017, llegaron de nuevo a La Habana como parte de un proceso de deportación
El mundo y la historia han sido testigo de la lucha que los inmigrantes cubanos han tenido que emprender para legalizarse en el extranjero, una odisea que muchos isleños sufren en su propio país, gracias a la prohibición absurda de la dictadura de vivir en una provincia que no sea la de nacimiento. Esta condición expone a los residentes “ilegales” a humillaciones y una explotación laboral mal remunerada.
“Nunca he robado, nunca he matado pero me persiguen como si lo hubiera hecho”, dice Julio, un trabajador de 40 años, a quienes sus compañeros describen como una persona decente y noble. Según reseña de Cubanet.
Los trámites para “legalizarse” en La Habana oscilan entre 200 y 500 dólares, una cantidad inalcanzable para la mayoría de los isleños, con un ingreso promedio cercano a los 30 dólares mensuales.
Explotados y maltratados
Un trabajador llamado Eugenio, consiguió hace dos años un empleo en un huerto cercano al Parque Lenin, en La Habana. Una mañana se encontraba angustiado y sin trabajo en un parque de Guantánamo, donde residía, y pasó un camión buscando trabajadores para una obra, sin pensarlo se apuntó y luego le avisó a su esposa e hijos.
“Cuatrocientos cincuenta pesos al mes (18 dólares) era una cantidad enorme para mí, tenía que trabajar de 7.00 am a 9.00 pm, todos los días y terminaba muerto, cargando bloques, haciendo mezcla, paleando arena y a veces ni almorzaba. Terminé con úlcera y asma. Pedí la baja y me dijeron que me retiraban la residencia pero yo no quería regresar a Guantánamo, ya yo tenía a mi mujer aquí y los niños”, relató el guantanamero.
Desde entonces Eugenio, aunque cubano, se hizo “ilegal” en su propio país, y debe sobrevivir en trabajos informales y sin exigir ningún beneficio laboral por su condición.
“Cada vez que me detienen me tratan como a un asesino. Me llevan esposado en el patrullero, me tiran en un calabozo junto con ladrones y delincuentes. Es bochornoso para mis hijos. Cuando me detienen no sé si hay un amiguito de mi hijo mirando. Cualquiera puede pensar que soy un delincuente”, asegura Julio, sin dar crédito a la injusticia.
Corrupción
Iridis Fernández, exabogado de la Dirección Provincial de Vivienda en La Habana, asegura que existen “maneras” menos costosas para legalizarse.
“Hay quienes optan por comprar la residencia por otras vías mucho más económicas pero igual de difíciles para cualquier trabajador. Realizan un cambio de dirección que puede costar entre 50 y 100 dólares, mucho más barato y menos riesgoso que sobornar a un funcionario. Luego tiene que ir una comisión de Vivienda a la casa y medir el lugar y dar la aprobación, este es un proceso donde también existen sobornos a los funcionarios que pueden cobrar 100 y hasta 200 dólares por el dictamen”, explica la abogada.
Otra opción según hizo referencia, es la de comprar los permisos de residencia a las direcciones de Recursos Humanos de las empresas estatales, una práctica que ha aumentando las exigencias de requisitos.
Cualquier medio
Alejandro, un expolicía, se vio obligado a ingresar a la policía para residir legalmente en la capital, aunque al tiempo abandonó el ente, en el cual vio demasiadas injusticias.
“Vi muchas injusticias, sobre todo cuando me tocaba detener a alguien por ilegal. Eso me apretaba el pecho porque yo sé lo que es regresar a pasar trabajo, hambre. No aguanté mucho tiempo y por suerte me casé en La Habana, bueno, me ajunté con mi pareja y me quedé a vivir aquí”, confesó el joven.
La vida en Cuba es un rosario de pesares, de abusos y de arbitrariedades ridículas, ideadas por mente maléficas que buscan controlar cada movimiento de las personas, aniquilando su libertad y aumentando su infelicidad.
Centenares de isleños son asediados por policías en las plazas y esquinas del país, como delincuentes, por el simple hecho de querer vivir en una ciudad diferente a la de su nacimiento y no tener cómo costear el papeleo que se exige. Muchos son deportados, y al cabo de un tiempo regresan, creándose un círculo vicioso de ilegalidades.
El hecho de que la movilidad y residencia en su propio país, también les esté restringido al pueblo cubano, es una realidad que en pleno siglo XXI resulta cada vez más inconcebible para muchas personas en el mundo, porque en verdad lo es.
Desde Panamá diez cubanos más salieron deportados a su país natal, Cuba. El gobierno panameño aplazó temporalmente el proceso en septiembre pasado por el paso del huracán Irma por la isla comunista, informó Víctor Berrío, director ejecutivo de Cáritas Panamá, a Martí Noticias.
Miles de cubanos viven en los Estados Unidos con incertidumbre, unos sin documentación legal y otros de igual forma, aunque con documentos válidos y un estatus que los protege o protegía, lo que los ha llevado a un estado de temor a ser deportados, tras la decisión de Barack Obama al suspender la política de “pies mojados, pies secos”.