Trump Island: Grupo de Dubái firma carta de intención para un resort de lujo en Cuba… “con tal del castrismo mantenerse en el poder”, alerta Alex Otaola (+VIDEO)

La propuesta de crear Trump Island en Cuba ha despertado curiosidad internacional, pero también interrogantes sobre las verdaderas intenciones del régimen castrista.

Mientras la economía de la isla atraviesa una de sus peores crisis en décadas, La Habana parece apostar por una estrategia desesperada: utilizar el nombre del presidente estadounidense Donald Trump como gancho para atraer inversiones y, eventualmente, influir en el debate sobre las sanciones impuestas por Washington.

Según un reportaje publicado por The National, empresarios de Emiratos Árabes Unidos negocian con el régimen cubano el desarrollo de un complejo turístico de lujo en Cayo Santa María, un proyecto que podría recibir el nombre de Trump Island si prosperan las conversaciones con la Organización Trump.

El influencer Alex Otaola comentó la noticia en la edición de El Mañanero de este lunes y aseguró que esta es una estrategia de la tiranía para mantenerse en el poder.

Trump Island surge en medio del colapso turístico cubano

La aparición del proyecto Trump Island coincide con el desplome de uno de los sectores que durante años fue presentado por el régimen como la supuesta locomotora de la economía nacional: el turismo.

Las cifras son contundentes. Cuba recibió 4,2 millones de visitantes en 2019, pero apenas alcanzó 1,8 millones en 2025, una caída que refleja el deterioro de la infraestructura, los apagones constantes, la escasez de combustible y el creciente rechazo de los viajeros internacionales a un destino marcado por la crisis.

El propio economista Ricardo Pérez reconoció que la recuperación nunca llegó tras la pandemia. “La pandemia afectó mucho a Cuba porque mató el turismo durante dos años. Nunca se recuperó de la pandemia”, afirmó.

La situación ha llegado a tal punto que funcionarios cubanos están ofreciendo hoteles, marinas, terminales de cruceros y terrenos costeros a inversionistas extranjeros. El reportaje señala que varias de estas instalaciones permanecen prácticamente vacías, evidenciando el fracaso de una estrategia económica basada durante décadas en megaproyectos turísticos financiados por el Estado.

Desde una perspectiva económica, esto revela algo más profundo: el modelo socialista cubano ya no tiene capacidad para generar capital propio y depende cada vez más de inversionistas extranjeros para mantener a flote sectores enteros de la economía.

Trump Island en Cuba ¿Una jugada política disfrazada de inversión?

Más allá del negocio inmobiliario, el concepto de Trump Island plantea preguntas políticas inevitables.

El embajador cubano en Emiratos Árabes Unidos, Norberto Escalona Carrillo, declaró que Donald Trump es “un hombre de negocios” y añadió que no ven obstáculos para conversar sobre proyectos vinculados al turismo.

Estas declaraciones llaman la atención porque provienen de un régimen que durante décadas convirtió el discurso antiestadounidense en uno de los pilares de su narrativa política. Ahora, sin embargo, la necesidad de dinero parece imponerse sobre la ideología.

Trump Island
Una de las imágenes de lo que sería Trump Island (Foto: The National)

La maniobra podría interpretarse como un intento de enviar una señal a sectores empresariales estadounidenses: Cuba está abierta a los negocios sin modificar un solo aspecto de su sistema político, sin liberar a sus presos de conciencia, sin hacer elecciones libres y un largo etcétera.

Ese es precisamente el punto que genera escepticismo. El castrismo parece buscar inversiones, financiamiento y alivio económico sin asumir reformas estructurales, sin liberar presos políticos, sin permitir elecciones libres y sin desmontar los mecanismos de control estatal que han contribuido al colapso económico.

El riesgo de invertir sin cambios reales

Los promotores de Trump Island confían en que el embargo estadounidense eventualmente será flexibilizado. El empresario Ali bin Haidar afirmó que “el embargo sobre Cuba será suavizado tarde o temprano” y aseguró que su estrategia consiste en estar preparado cuando llegue ese momento.

Sin embargo, incluso el economista citado por la propia fuente, advirtió que no cree que Estados Unidos modifique su política simplemente por un proyecto de este tipo. “No veo que Estados Unidos vaya a resolver el tema de las sanciones por un regalo menor de esa naturaleza”, señaló.

La realidad es que ningún complejo turístico, por lujoso que sea, puede resolver los problemas estructurales de Cuba. La falta de producción nacional, la crisis energética, la inflación, la emigración masiva y la ausencia de confianza jurídica continúan siendo obstáculos gigantescos para cualquier inversionista.

Por eso, más que una señal de fortaleza económica, Trump Island parece reflejar la desesperación de un régimen que necesita urgentemente capital extranjero, en medio de sanciones de Estados Unidos y una fuga en masa de cadenas hoteleras y empresas vinculadas al sector turístico.

La gran incógnita es si se trata de una oportunidad legítima de inversión o de una nueva estrategia para obtener alivio económico internacional sin realizar las transformaciones políticas y económicas que Cuba lleva décadas posponiendo.

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