Donald Trump ya tendría un plan para Cuba, según The Atlantic

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, mantiene lista una estrategia de intervención política para ejecutar un cambio de mando en Cuba, basándose en una combinación de asfixia financiera, procesos judiciales contra la cúpula de la tiranía y vínculos con sectores de poder internos.

La información fue difundida por la revista The Atlantic, medio que obtuvo detalles exclusivos a través de testimonios de funcionarios federales y especialistas que poseen conocimiento directo sobre las deliberaciones de alto nivel que ocurren en Washington.

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Donald Trump ya tendría un plan para Cuba, según The Atlantic 5

Este plan de acción surge como respuesta a la devastadora miseria que azota a la nación, la cual sufre apagones constantes, falta crónica de suministros básicos y una parálisis total de los servicios públicos provocada por la incompetencia de los sicarios que detentan el poder en La Habana.

La ofensiva contra los sicarios del castrismo

Dicha ofensiva de la Casa Blanca aprovecha la extrema debilidad de la dictadura cubana, la cual se encuentra en un punto de quiebre histórico.

Según los reportes obtenidos por el medio citado, la estrategia contempla que fiscales del sur de Florida presenten cargos criminales contra los cabecillas de la cúpula militar y política, buscando establecer una base legal sólida para justificar medidas internacionales de mayor envergadura contra la tiranía de Cuba.

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En ese sentido, los estrategas estadounidenses evalúan la promoción de figuras menos radicales dentro de la propia estructura del castrismo para facilitar una transición controlada, empleando una lógica de reconfiguración del mando similar a las tácticas aplicadas recientemente en el escenario venezolano.

El interés de los asesores de Donald Trump se centra en la recuperación económica de los sectores estratégicos, visualizando una futura apertura en áreas de infraestructura, bienes raíces y el mercado turístico una vez que se logre remover a los esbirros del control administrativo.

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Donald Trump / Foto: Referencia

A pesar de la planificación detallada, el entorno político se mantiene bajo una tensa expectativa, ya que las experiencias previas con otras tiranías demuestran que los diálogos pueden romperse de forma abrupta si no existe una voluntad real de abandonar el poder por parte de los dictadores.

Escenarios de transición

Mientras tanto, los jerarcas de la tiranía intentan ganar tiempo mediante maniobras diplomáticas vacías, evitando realizar concesiones en el control policial que ejercen sobre los ciudadanos que mueren de hambre en las calles.

Consecuentemente, la presión externa crece de forma paralela al descontento social interno, lo cual coloca a la relación bilateral en un estado de máxima alerta donde cualquier chispa podría activar el protocolo de intervención diseñado por el equipo de seguridad nacional de Donald Trump.

Por lo tanto, la vulnerabilidad del régimen castrista es absoluta frente a una potencia que ya no está dispuesta a tolerar un foco de inestabilidad y comunismo en el hemisferio, especialmente cuando la infraestructura del país se cae a pedazos por la corrupción.

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Bajo este panorama, la Casa Blanca mantiene todas las opciones sobre la mesa, incluyendo el uso de la justicia penal como una herramienta de guerra política para forzar la salida de quienes han secuestrado la libertad de Cuba durante décadas.

Resulta evidente que el tiempo de la “diplomacia suave” ha terminado definitivamente para los cabecillas del régimen, dando paso a una era de confrontación directa donde el objetivo final es la libertad absoluta de los ciudadanos esclavizados por el sistema comunista.

La comunidad internacional observa con atención este despliegue de influencia que busca terminar con el legado de miseria impuesto por los sicarios de La Habana, ese que empezó cuando el dictador mayor, Fidel Castro, secuestró el país hace casi 70 años haciendo uso de la palabra “revolución”.

Mateo Orozco

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