La pobreza, la agonía, la falta de trabajo en Venezuela acabó nuevamente con una vida. Un pequeño, de dos años, se enfermó. Las lombrices en su barriga comenzaron a perforarle los intestinos. Sus padres intentaron ayudarlo con remedios naturales, pero el niño falleció en su habitación. Su progenitor devastado por la pérdida y la falta de dinero, no tuvo otra opción que improvisar un ataúd y sepultarlo en el patio de su casa, localizada en Boconó, estado Trujillo.
Tembloroso y sin la ayuda de familiares ni amigos, el hombre tuvo que buscar trozos de madera y con eso construyó el féretro. Cavó por horas un hueco y luego sepultó la caja con su hijo adentro, reseñó el diario Los Andes.
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El andino secó sus lágrimas y cabizbajo se dirigió hasta la Alcaldía de Boconó para solicitar el acta de defunción, que le fue negada. Los trabajadores alertaron a los funcionarios del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc), quienes entrevistaron al hombre y este los llevó hasta su hogar, específicamente en el sector La Peñita de la parroquia Niquitao.
Estando en la humilde residencia los hizo pasar hasta el patio y les mostró la tumba que improvisó para su pequeño, el cual fue desenterrado y sometido a una necropsia de ley que efectivamente no arrojó maltratos. Murió por falta de atención médica, por falta de recursos económicos.
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Los sabuesos detallaron que el menor falleció por una parasitosis intestinal. Según los padres el bebé crecía fuerte y sano. Pero poco a poco su estado de salud se fue deteriorando por dicha enfermedad. Sus progenitores intentaron ayudarlo, lo llevaron a hospitales pero no lo atendían, le enviaban medicamentos pero estos no lo curaban.
Preocupados recurrieron a métodos naturistas y tampoco les funcionó. Una mañana su padre se levantó y lo fue a ver en su habitación, pero este ya no respiraba. Murió. “Mi único pecado fue no tener dinero para pagarle una clínica. Yo lo amaba y se me murió. Nadie me ayudó”.
Redacción Cubanos Por El Mundo