Lo que comenzó con un simple aruño en un dedo terminó siendo un infierno para al padre de Jorge Luis Rodríguez. El cubano, que reside en Tampa, viajó a la Isla junto a su papá para visitar a unos familiares, ignorando el tormento que tendrían por delante.
Rodríguez relata el periplo que significó hacer uso del tan venerado sistema médico de Cuba. “Mi padre se hace una pequeña herida en el pie y decidimos llevarlo al médico para que los chequeara, él es diabético y comenzó a ponérsele negro. El doctor lo envió a casa con sólo antibióticos”.
Sin embargo, la receta del médico cubano no funcionó y su mal continuó.
“El vecino que es médico, ve el dedo y dice que el dedo está ya con gangrena. Se lo llevaron para La Habana para lo mejor que tiene Cuba, se llama el Instituto nacional de Angiología Egidio Sosa, es lo mejor para los diabéticos”.
Pero eso “mejor” que dice Rodríguez, lo describe como lo peor que existe. Baños con gusanos, falta de aseo en los pasillos y habitaciones, inclusive denunció el uso deliberado que se le dá a la insulina, que con la misma dosis inyectan a varias personas.
“Yo le digo ‘enfermera usted sabe lo que está haciendo’ y ella me dice ‘si mijito, lo que pasa es que aquí en Cuba no hay suficiente insulina ni suficiente aguja’, ósea esta pobre infeliz, que no es su culpa, estaba inyectándole insulina a todos los pacientes con el mismo pomo, contagiando a todo el mundo con lo que tenga”.
Al ingresar a su padre en el Instituto, los médicos pretendían enviarlo a su casa con antibióticos, pero sólo uno decide que se quede.
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Al cabo de los cuatro días le informan que a su padre deben cortarle los cinco dedos del pie, ya que se había extendido la infección.
“Pero ahí voy, le cortan los dedos y la herida la dejan abierta por si acaso coge alguna infección esta salga, según ellos”.
Pero su tormento no terminó allí. Su padre seguía presentando de infección. Los tan alabados y preparados médicos cubanos que se forman en el seno del castrismo, no pueden contener la gangrena.
Pero luego Rodríguez se da cuenta que la culpa de esa infección no fue tanto por la pequeña herida del pie, sin por un trombo que se había formado en su pierna derecha que le impedía a la sangre viajar hasta los dedos.
“En el salón se dieron cuenta que en la parte baja del pie derecho, tiene un trombo, que por eso fue que el oxígeno no fluía y por eso fue en realidad que le pasó la isquemia, pero no se dieron cuenta, no le hicieron ultrasonido nada de eso porque aquí todas las máquinas están rotas”.
Frustrado y con la necesidad de volver a Estados Unidos a trabajar, el cubano toma la difícil decisión de dejar a su padre en manos de los médicos cubanos con la esperanza que pronto se solucionen el problema.
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A los 41 días, el joven recibe una llamada del médico que atiende a su padre, para decirle que la herida que ellos le había dejado abierta se infectó y deben cortarle la pierna, ya que hicieron una cura con vinagre que sólo sirvió para extender la infección.
“Pues nada, le cortaron la pierna a mi papá, el doctor simplemente llegó y le dijo ‘Macho se infectó y mañana hay que picarte la pierna’”.
“El viernes se la pican y lo mandan para la casa con fiebre, la hemoglobina a 8.7 y la azúcar como en 300, lo mandaron con antibiótico”.
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Indignado
Rodríguez afirmó sentirse decepcionado y triste por las condiciones en que deben vivir los cubanos, y asegura sentirse apenado de su nacionalidad, ya que el régimen vocifera las maravillas del sistema médico en Cuba, pero que a la final cuesta “y mucho”.
“Todo eso que les conté lo hice haciendo regalitos a los doctores y enfermeras, pero para nada porque igual le cortaron la pierna”.
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Continuó diciendo “todo es una asquerosidad, aquí no hay nada gratis mi gente”.
“Otro enfermero me dijo que en Cuba a todos le cortan la pierna por debajo de la rodilla por la sencilla razón de que no hay prótesis”.
El joven regresó con su padre a Tampa para continuar allá su tratamiento “en un sistema de salud que si sirve”.
Redacción Cubanos por el Mundo