Lo tangible y lo intangible. Lo autóctono, lo tradicional y hasta lo universal pretende el régimen agradecerlo a quien por décadas engañó a su propio pueblo, hirió profundamente y aún hecho cenizas pretende seguir siendo una sombra permanente.
0Los monumentos y las estatuas podrán haber sido prohibidos por un supuesto “gesto de humildad” y su apatía al culto de la personalidad pero aún después de muerto, quieren hacerle creer al pueblo cubano que a Fidel le deben todo.
Que la ONU haya declarado patrimonio cultural de la humanidad a la rumba cubana, manifestación tradicional, es ahora según los directivos del Consejo Patrimonial, un logro de Fidel Castro por su “vital papel en la concepción de la política cultural cubana”.
¿De dónde el empeño por adjudicar logros que no son de ningún sujeto? ¿Por qué individualizar un orgullo que le pertenece a todos los cubanos por igual? Peor aún ¿por qué entregar a un hombre que tanto dañó a los cubanos, el logro de todo una nación que ha vivido y mantenido su cultura no dentro de la isla, sino fuera de ella?
Los cubanos por el mundo, que huyeron del tirano, llevan consigo su marca de nacimiento, un orgullo por la tierra de dónde viene y a dónde añoran regresar siendo territorio de libertad. Estos cubanos que celebran que la rumba cubana, la autóctona, la tradicional, no pueden aceptar que el régimen se lo adjudique a su opresor, a ese mismo barbudo que distanció a los cubanos de su tierra, de su país y aunque quiso, no les logró arrebatar su identidad.
Si quieren dejar el nombre de la rumba cubana “bien en alto” respeten su valor y no la contaminen con el aura negra de un dictador. Los ritmos nativos que se celebren, como se celebrará en tiempos de cambio, como la bailaran los cubanos cuando se arme la verdadera rumba, la de la libertad.




