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Navi Pillay, Nobel de la Paz 2026: sus silencios ante Cuba, año por año (+VIDEO)

El Nobel de la Paz 2026 reabre el debate sobre la actuación de Navi Pillay frente al régimen cubano. Una cronología documentada examina las denuncias de silencio y las peticiones de los opositores

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Navi Pillay, Nobel de la Paz 2026, en una composición editorial sobre la represión de las Damas de Blanco en Cuba y las críticas a su actuación ante las denuncias de violaciones de derechos humanos.
Navi Pillay recibe el Nobel de la Paz 2026 mientras resurgen los cuestionamientos sobre su actuación frente a la represión política en Cuba y las denuncias de opositores y familiares de presos políticos.

Navi Pillay, la jurista sudafricana que este 9 de octubre ganó el Nobel de la Paz 2026, dirigió la oficina de derechos humanos de la ONU entre 2008 y 2014. De esos años queda un expediente incómodo para los cubanos: sus silencios ante el régimen de La Habana.

Para los cubanos perseguidos por disentir, importa cuánto respaldo recibieron de quien encabezó esa oficina. Su expediente contiene omisiones denunciadas, gestiones discretas y críticas puntuales: una trayectoria cuyos límites Cubanos por el Mundo exige examinar.

Cuba, ausente de sus críticas: 2008–2012

1.- Septiembre de 2008–junio de 2010: ausencia de críticas registradas. Un estudio de UN Watch, publicado en 2011, revisó sus declaraciones disponibles en la web de la ONU. Cuba apareció entre los países que NO había criticado. La organización señaló omisiones respecto de otras autocracias, entre ellas Corea del Norte y Arabia Saudita.

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2.- Marzo de 2010: los disidentes llamaban a su puerta. Treinta organizaciones solicitaron su intervención por la prohibición de viajar impuesta a Néstor Rodríguez Lobaina. La delegación cubana interrumpió el reclamo y el presidente del Consejo permitió truncarlo. No fue una decisión atribuible a Pillay, pero el episodio retrata una maquinaria internacional donde el represor podía obstaculizar la denuncia.

3.- Julio de 2010: diálogo y celebraciones. EFE informó que su oficina mantenía contactos por Guillermo Fariñas y privilegiaba el diálogo. Días después, Folha recogió su satisfacción por el anuncio de liberación de 52 presos políticos. Hubo actuación; cabe preguntar si ese lenguaje identificaba suficientemente la responsabilidad de quienes los encarcelaron.

4.- Mayo de 2012: renovación cuestionada. UN Watch objetó la extensión de su mandato sin suficiente debate público y reiteró su estudio anterior. La crítica persistía, aunque no aportaba una investigación nueva sobre los dos años siguientes.

Payá y Antúnez: las denuncias que llegaron a su despacho (2013–2014)

5.- Marzo de 2013: conoció la denuncia sobre Payá. Rosa María Payá declaró a El Confidencial que Pillay recibió su petición de investigación sobre las muertes de Oswaldo Payá y Harold Cepero.

«Nos recibió la Alta Comisionada Navi Pillay, a la que hicimos llegar que la muerte de mi padre y la de Harold Cepero no fue un accidente y la necesidad de abrir una investigación internacional. Nos dijo que también hay otras maneras de abordar el caso. Naciones Unidas ha hecho acuse de recibo de esta reclamación y está en contacto con las partes», reseña El Confidencial.

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6.- Febrero de 2014: Antúnez, sin respuesta inmediata. The Washington Free Beacon recogió una petición de condena tras su arresto. El medio recogió un llamado de UN Watch para que Pillay condenara la represión. Su oficina no respondió inmediatamente a la solicitud de comentarios del periódico.

El Nobel vuelve pertinente revisar estos antecedentes: el prestigio de la justicia internacional debe medirse también por su capacidad para acompañar a quienes enfrentan al poder sin protección. Para los perseguidos cubanos, una declaración ocasional resulta insuficiente si no encuentra continuidad frente a un aparato represivo que actúa de manera permanente.

Un Nobel no cancela las preguntas

En junio de 2014, Javier El-Hage y Roberto González la acusaron en EL PAÍS de no dedicar “una sola crítica a Cuba”. En 2021, News24 publicó su cuestionamiento a Cuba por enmiendas obstruccionistas contra la protección de defensores.

Esos silencios plantean una responsabilidad política: la denuncia insuficiente puede favorecer la impunidad. El Nobel reconoce una trayectoria; los perseguidos cubanos conservan el derecho a interrogar sus omisiones.

El Nobel de la Paz que acaba de recibir Navi Pillay no convierte su trayectoria en un expediente intocable: aumenta la obligación de examinarla. Los cuestionamientos tampoco se limitan a Cuba. Según The Times of Israel, más de cien congresistas estadounidenses denunciaron en 2014 el sesgo del Consejo de Derechos Humanos hacia Israel.

El artículo también recuerda que Pillay respaldó una petición de sanciones contra ese país y defendió a un integrante de su comisión cuestionado por declaraciones sobre el “lobby judío”. Ella rechaza las acusaciones de antisemitismo, e Israel niega las conclusiones de su comisión sobre Gaza.

Estas controversias hacen legítima una pregunta desde Cuba: ¿por qué la firmeza desplegada frente a Israel no tuvo una expresión comparable frente al régimen de La Habana? El propio Comité Nobel aclaró que premiarla no equivale a respaldar el hallazgo de genocidio. El galardón tampoco puede funcionar como absolución de sus omisiones.

Para los cubanos, la medida de esa autoridad moral debe ser concreta: cuánto sirvió para defender al ciudadano frente al partido único, denunciar el encarcelamiento por disentir y exigir acceso internacional a una isla cerrada al escrutinio.

Esa exigencia no pertenece al pasado. Cuba cerró agosto con 1.339 presos políticos, según Prisoners Defenders, y casos recientes como la condena de Anna Bensi muestran que disentir en la isla se sigue pagando ante un tribunal.

El expediente de Pillay ante Cuba permite cuestionar una defensa de los derechos humanos cuya contundencia resultó insuficiente ante la tiranía socialista. Celebrar excarcelaciones sin mantener la presión sobre el sistema que fabrica presos políticos deja intacta la raíz del abuso.

Ahora que el Nobel amplifica su voz, Pillay tiene una oportunidad para responder: reclamar públicamente libertad y garantías para los perseguidos cubanos. La universalidad de los derechos humanos se demuestra cuando la misma exigencia alcanza también a los gobiernos que se presentan como revolucionarios. Ningún prestigio internacional debería concederles una excepción.

Luis Perdomo

Luis Enrique Perdomo Silva es periodista cubano radicado en Jacksonville, Florida, especializado en actualidad cubana, derechos humanos y libertad religiosa. Con más de una década de trayectoria en el periodismo independiente, su trabajo se enfoca en visibilizar la realidad social y política de Cuba desde la diáspora. Es fundador, director y CEO de Cuba Trendings, medio de comunicación independiente dedicado a la cobertura informativa sobre Cuba. También conduce un podcast centrado en las violaciones a la libertad religiosa en la isla, donde analiza el impacto de las políticas del régimen cubano sobre las comunidades de fe. Como colaborador de Cubanos por el Mundo, produce contenidos dirigidos a la comunidad cubana en el exterior, abordando temas de denuncia, migración y derechos civiles que afectan a los cubanos dentro y fuera de Cuba. Su periodismo combina el rigor informativo con el compromiso por la libertad de expresión y los derechos fundamentales del pueblo cubano.

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