Autoridades emiten alerta por crecida de ríos en Granma

En la provincia de Granma, autoridades locales activaron una alerta ante el inminente peligro que representa el incremento del caudal de los ríos, una situación agravada por la negligencia histórica y el mal estado de la infraestructura hidráulica bajo el control del régimen.

El gobierno municipal de Yara lanzó una advertencia ante el vertimiento descontrolado de la presa Paso Malo, una mole de concreto que, lejos de ser un símbolo de progreso, se convierte hoy en una amenaza constante para los habitantes de las zonas aledañas.

La vulnerabilidad como norma en Granma

La situación en Granma revela la fragilidad de un país que se desmorona bajo una gestión incapaz de prever desastres. Yosvanys Reyes Fernández, quien funge como presidente de la Asamblea Municipal del Poder Popular en Yara, utilizó los medios controlados por la dictadura, específicamente CMKX Radio Bayamo, para intentar lavar la imagen del sistema, pidiendo una prudencia que el Estado jamás garantizó con mantenimiento preventivo.

Con un descaro absoluto, el funcionario dictó medidas restrictivas mientras el caudal de la presa alcanza picos alarmantes. Según los datos oficiales, el vertimiento llegó a registrar 118 metros cúbicos por segundo, manteniéndose todavía en 91,8 metros cúbicos por segundo en el momento del reporte, cifras que mantienen en vilo a las familias campesinas que ya conocen el horror de ser abandonadas a su suerte.

Riesgos técnicos y desidia estatal

El peligro, sin embargo, no termina ahí. La población en Granma vive bajo el acecho de un sistema donde la improvisación es la norma. El vertedero automático de la presa Paso Malo, diseñado para descargar agua río abajo sin intervención humana cuando se supera la capacidad de almacenamiento, expone la desidia de quienes ignoran los riesgos reales para las comunidades.

Existen parámetros técnicos que definen la magnitud del desastre: al alcanzar los 150 metros cúbicos por segundo, el agua tocaría el puente Yara-Jobosí; a los 300, las inundaciones se tornarían incontrolables; y si el flujo llegara a los 500, la propia cabecera municipal sufriría consecuencias devastadoras.

OTRAS NOTICIAS: Temporada de huracanes 2026 sería la más tranquila en más de una década, según expertos

La retórica oficial se limita a pedir que no se transite por lugares estratégicos. La instrucción de las autoridades fue tajante: «Se recomienda no transitar por el puente de Jobosí ni por áreas cercanas a la playita mientras el nivel del agua se mantenga elevado».

Es una orden que llega tarde, como todas las reacciones del régimen en Granma y toda la isla, mientras los ciudadanos quedan confinados a esperar que la naturaleza sea más compasiva que el régimen que los desgobierna.

Un escenario de desastre recurrente

Este escenario meteorológico, marcado por una vaguada persistente, desnuda la realidad de un oriente cubano que sufre la desatención crónica. Las lluvias de las primeras semanas de junio, que coinciden con el inicio de la temporada ciclónica, solo sirven como recordatorio de la vulnerabilidad en la que el castrismo mantiene a la nación.

Apenas días atrás, Bayamo sufrió los embates de una tormenta local severa que dejó calles anegadas, árboles derribados y un servicio eléctrico colapsado, una postal habitual en una Cuba donde la infraestructura es sinónimo de ruina.

La tragedia no es solo climática; es sistémica. La escasez de recursos y la falta de voluntad política para rehabilitar el patrimonio hidráulico condenan a miles de personas en Granma a vivir en un estado de emergencia permanente.

El fantasma del pasado reciente sigue presente. En noviembre de 2025, el vertimiento simultáneo de los embalses Paso Malo, Bueycito y la Derivadora Yao provocó que cientos de personas terminaran evacuadas en Yara, mientras miles de familias quedaron aisladas en toda la provincia, olvidadas por una cúpula que prioriza sus negocios turísticos sobre la seguridad de su propio pueblo.

La población de Granma observa hoy cómo la historia se repite, con un sistema eléctrico que flaquea ante cada gota de lluvia y una capacidad de respuesta reducida a notas informativas vacías de esperanza.

La dictadura, en su afán por mantener el control, solo sabe gestionar el miedo, convirtiendo cada crecida de los ríos en una prueba de fuego para una ciudadanía que sobrevive en medio de la precariedad más absoluta.

Deja un comentario

Descubre más desde Últimas noticias de Cuba y de los Cubanos por el Mundo

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo

Share to...