Como cualquier niño malcriado, los que manejan el régimen castrista, intentan desaparecer la obra intelectual de grandes arquitectos, artistas y escritores cubanos o extranjeros desarrollados en Cuba que de indicios que existe algo superior a la revolución o que no la necesitaron para surgir.
Patético. ¿Qué les da el derecho de arrancar la vida profesional y el legado de un hombre en el mundo? Con todo su poder lo intentan, pero siempre hay quienes reivindican el conocimiento de estos desterrados.
Uno de esos casos es el del escritor argentino Jorge Luis Borges cuya “mala suerte” en Cuba y la razón de que fuera uno de los “escritores innombrables” de la Revolución cubana se explica abiertamente en un libro publicado por el Centro Borges de la Universidad de Pittsburgh, EE.UU.
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Borges en Cuba. Estudio de su recepción, es un libro es escrito en primera persona por el cubano Alfredo Alonso Estenoz, quien recrea una época en la que Cuba se cerró con siete candados con la idea de construir un “hombre nuevo”.
Es un volumen de bolsillo que brilla por su enjundiosa investigación. Se vende en dólares y no está en librerías, sino en manos de anticuarios, según reporte de El Nuevo Herald.
Del protagonista
El diario de Bioy Casares escribió en el 2006 que de Jorge Luis Borges (1899-1986) se conocía la firma de “un manifiesto en apoyo a los cubanos que en 1961 invadieron la isla por Bahía de Cochinos”, razón suficiente para que el régimen castrista, que desde el comienzo centralizó toda gestión cultural, enviara al ostracismo a uno de los autores más universales y al latinoamericano hoy en día más citado.
Curiosamente unos años antes, Borges había suscrito otro manifiesto condenando al dictador cubano Fulgencio Batista, pero la acción pasada no tuvo tanto peso para la revolución que decidió enfilar todo su armamento en contra de Borges.
El autor del libro y también profesor de literatura latinoamericana y lengua española en el Luther College de Iowa, Alfredo Alonso Estenoz indicó que “durante los años 70 y 80 Borges fue ignorado por el discurso crítico cubano, aunque (…) lo seguían leyendo los escritores que tenían acceso a su obra”.
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Borges era todo lo contrario a la figura intelectual que pintaba la izquierda, por ello el autor de Ficciones y El Alpeh se convirtió en el antimodelo del tipo de intelectual que la Revolución promovía.
Alonso Estenoz se apoya en mucha bibliografía y dos fuentes fundamentales, para poder reconstruir los 20 años en el que Borges estuvo vetado.
La primera es el diario Borges que su amigo íntimo y también escritor, Adolfo Bioy Casares redactó con minucioso detalle y la segunda es el prólogo de la antología que desde La Habana firma el crítico y director de Casa de las Américas, Roberto Fernández Retamar.
Fernández Retamar, sempiterno director de Casa de las Américas, una institución estatal con fuerte enfoque político, primero arremetió contra Borges en la década de los años 70, para luego “reconciliarse” con él mediante la publicación de la antología.
Al final
Al final de sus días Borges continuaba siendo un electrón libre y denominaba que la “Revolución cubana” gozaba de un histrionismo conmovedor.
El libro Borges en Cuba. Estudio de su recepción, es algo más que un acto reivindicativo. Y aunque su obra no es fácil de encontrar en Cuba, hay quienes lo rescatan dejando claro que no es un escritor maldito.
“Borges es el ‘ingrediente secreto’ que hace posible la distinción de Nogueras en la poesía cubana de la época”, escribió Retamar.
El infortunio que la obra de Borges ha tenido en Cuba llevó a que un estudiante universitario como lo era Alonso Estenoz en los 90 confundiera el apellido del argentino con el del comandante sandinista Tomás Borge, autor bien visto y promocionado entonces en Cuba.
Redacción Cubanos por el Mundo