
Yo recuerdo cuando aquello de la escoria, que el marido de una prima de mi abuela se montó en una de las lanchas y se fue. En la familia muchos le viraron la espalda, pero recuerdo que mi difunto abuelo, que en gloria esté, nos reunió a todos en la cocina y le dijo a mi abuela: En esta casa jamás se le negará la entrada ni a tu prima ni a sus hijos, ni a él si regresa, así tenga que entregar mi carnet, porque la familia está siempre primero y el comunismo después.
Dos años después abuelo se quitaría la vida, pero 15 años más tarde, estábamos todos, escorias y comunistas disfrutando de un buen café cubita en la cocina de mi hogar comprado por aquel pariente escoria convertido en mariposa.
Yo creo que abuelo, a quien extraño todavía, disfrutó del aroma del café tanto como del encuentro. Tú que me lees: NO PERMITAS NUNCA QUE LA POLÍTICA DESTRUYA LO BELLO. Sólo nos tenemos a nosotros.
A la memoria de Cuco, Martha y Berto.



