El desmantelamiento de la industria azucarera en Florida, Camagüey, atraviesa uno de sus momentos más críticos, según denunció un periodista oficialista de la emisora local.
El reportero alertó sobre el acelerado deterioro de los antiguos ingenios, la desaparición de los cañaverales y el abandono de las comunidades que durante décadas dependieron del azúcar como principal fuente de empleo y desarrollo.

En una publicación difundida en redes sociales, el comunicador aseguró que “ya es demasiado tarde para el azúcar en Florida”, al describir un panorama marcado por el desmantelamiento de la infraestructura industrial, la conversión de extensas áreas cañeras en potreros y matorrales, y el despoblamiento de los bateyes que alguna vez fueron el corazón económico del municipio camagüeyano.
Un desastre que no es culpa del embargo de EE.UU.
La realidad que hoy exhibe la industria azucarera en Florida, Camagüey dista mucho de la narrativa oficial que suele atribuir todos los problemas económicos de la Isla al embargo estadounidense.
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El colapso del sector azucarero cubano comenzó mucho antes de que las actuales restricciones internacionales alcanzaran el nivel que hoy denuncia el régimen. Fue durante el mandato de Fidel Castro cuando se impulsó la llamada “Tarea Álvaro Reynoso”, una reestructuración que terminó con el cierre y desmantelamiento de decenas de centrales azucareros en todo el país.
Muchos ingenios fueron demolidos, otros vendidos como chatarra y algunos incluso entregados (regalados) a otros países, mientras miles de trabajadores quedaron sin empleo y comunidades enteras perdieron la actividad económica que durante generaciones sostuvo a sus familias.

La consecuencia de aquellas decisiones políticas puede observarse hoy en municipios como Florida, donde la infraestructura levantada durante más de nueve décadas desaparece poco a poco sin que exista un verdadero plan de recuperación.
“Da vergüenza ver una situación semejante”
En su publicación, el periodista lamenta que resulte doloroso contemplar el estado actual de un territorio donde “el azúcar fue vida y tradición secular”.
También lanza varias interrogantes que reflejan la frustración de quienes aún permanecen en esas comunidades:
¿Quién se atreve a hablar de inversiones extranjeras ante semejante panorama ¿Quiénes son los responsables de este deterioro? ¿Cómo detener el robo sistemático de las infraestructuras? ¿Qué futuro espera a las familias que todavía viven en antiguos asentamientos azucareros?
Las preguntas apuntan directamente a años de abandono administrativo y falta de mantenimiento, factores que han acelerado el deterioro del patrimonio industrial cubano.
Desmantelamiento de la industria azucarera, el legado del castrismo
El caso de Florida constituye otro ejemplo de las consecuencias del modelo económico implantado por el castrismo durante más de seis décadas.
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Mientras el discurso oficial continúa responsabilizando al embargo estadounidense por el deterioro de la economía nacional, incluso periodistas oficialistas dentro de Cuba reconocen que gran parte del desastre responde a decisiones tomadas por el propio Estado cubano: el cierre masivo de centrales, la falta de inversiones productivas, la centralización de la economía y el abandono progresivo del campo.
Hoy, donde antes existían cañaverales, locomotoras, combinadas y miles de trabajadores, predominan los potreros, estructuras saqueadas y comunidades cada vez más envejecidas.

La denuncia realizada por este periodista no solo retrata la crisis de un municipio camagüeyano, sino también el símbolo de una industria que durante décadas fue considerada un pilar en la economía isleña.
La entonces “locomotora de la economía cubana” terminó reducida a un recuerdo por decisiones del Comediante en Jefe, Fidel Castro Ruz, aquel tirano que empezó el cuentecito del “bloqueo” de Estados Unidos y a quien se le atribuye el desmantelamiento de estas fábricas, el alma de bateyes y municipios de nuestra atribulada Patria.