Una denuncia remitida a Cubanos por el Mundo señala que una profesora de inglés en Artemisa fue separada definitivamente del sector educativo después de cuestionar la doble sesión escolar. El señalamiento acompaña una reflexión atribuida a Juana, una docente de 36 años y madre de dos hijos que describe aulas sin recursos, estudiantes agotados y una jornada que desborda su vida familiar.
El texto la sitúa en una secundaria básica de la localidad Ramón López Peña, en San Cristóbal. CPM no ha podido confirmar de manera independiente la expulsión: el material recibido no incluye una resolución, la fecha de la sanción ni una declaración directa de la profesora sobre esa medida.
La reflexión sí circulaba públicamente antes de esta denuncia. El 27 de septiembre de 2026, Pepe Morejón lo difundió en su Facebook, presentado como antiguo profesor de Juana. Aquel reporte abordaba sus críticas a las condiciones de enseñanza, sin informar de una expulsión.
«No hay más maestros»: la crítica a la doble sesión
La objeción que plantea la docente es concreta: aumentar las horas de permanencia en la escuela sin garantizar los medios para aprovecharlas. En el testimonio enviado a CPM, explica que el anuncio de la doble sesión le produjo preocupación por el transporte, el agua y los apagones de su municipio.
«La doble sesión no vino acompañada de nada. No hay más maestros, no hay más comida, no hay más transporte, no hay más electricidad. Solo más horas».
Según el relato, el receso transcurre sin merienda para estudiantes y profesores. Los grupos alcanzan los 40 alumnos, las aulas carecen de ventiladores y el calor agrava el cansancio. Son condiciones descritas por la autora del texto, no datos de una inspección realizada por este medio.
Para enseñar inglés, cuenta que recurre a la tiza, la pizarra, las canciones y las mímicas porque no dispone de los recursos audiovisuales ni del acceso a internet que necesita. Su preocupación es pedagógica: permanecer más tiempo en un aula no garantiza aprender cuando faltan las condiciones básicas.

El trabajo que continúa al llegar a casa
La reflexión también describe el impacto sobre sus dos hijos, que cursan octavo y tercer grado. La profesora relata dificultades para acompañarlos con las tareas y conciliar su horario laboral con el cuidado familiar. El agotamiento llega al punto de quedarse dormida sobre los cuadernos.
El texto contiene una imprecisión horaria: habla de clases hasta la tarde y también de regresar a casa al mediodía. Por eso no permite reconstruir con certeza su jornada completa. Sí expresa de forma reiterada una sobrecarga que, según sostiene, afecta tanto a sus alumnos como a sus hijos.
La docente afirma que en su centro faltan profesores de inglés, matemática e historia y que quienes permanecen deben cubrir más grupos. Describe además un salario insuficiente para necesidades como zapatos, jabón y meriendas. La comparación que hace con el precio de un pollo expresa su queja; no viene acompañada de cifras que permitan verificarla como cálculo salarial.
«Los que seguimos, seguimos por los muchachos, no por el sueldo».
La denuncia de expulsión de la profesora de inglés en Artemisa
El mensaje que acompaña la reflexión afirma que la profesora recibió una «separación definitiva de educación» por contar la realidad de su localidad. La acusación es grave: plantea que una crítica sobre las condiciones de trabajo habría terminado con la pérdida de su puesto.
Queda pendiente establecer quién adoptó la decisión, qué razones constan por escrito y qué alcance tiene la medida. También falta corroborar directamente con la afectada la relación entre la publicación y la supuesta sanción. No se dispone de una respuesta institucional sobre el caso.
Las autoridades educativas de San Cristóbal y Artemisa deben esclarecer si hubo una separación y, de haberla, explicar sus fundamentos. Castigar a una profesora por describir carencias sería una represalia contra su expresión y dejaría sin respuesta las dificultades que señala.
Antecedentes documentados por Cubanos por el Mundo
La tensión entre los horarios escolares y los apagones ya ha aparecido en nuestras coberturas. El 23 de marzo de 2026, CPM informó sobre las orientaciones para mantener las clases durante la crisis eléctrica, que incluían adaptar la doble sesión a las condiciones de cada localidad. Ese antecedente no establece cuál es la disposición vigente en la escuela mencionada por Juana.
También hemos recogido denuncias de represalias contra profesionales críticos del régimen. En septiembre, la profesora Natacha de la Torre Fariñas atribuyó a sus posiciones públicas la pérdida de sus clases en la Academia San Alejandro. Es un caso distinto que aporta contexto, sin servir como prueba de la sanción denunciada ahora.
«No voy a fingir que esto funciona»
La reflexión termina reclamando comida, electricidad, agua, transporte, salarios y suficientes maestros. La autora sostiene que exigir más horas sin resolver esas necesidades traslada el costo de la crisis a quienes enseñan y a sus familias.
«Mientras tanto, seguiré dando mis clases de inglés como pueda, pero no voy a fingir que esto funciona».
Ese es el reclamo que las autoridades tienen delante: cómo sostener el aprendizaje cuando las condiciones del aula y de la casa lo dificultan. Si la respuesta fue apartar a quien lo expresó, corresponde esclarecerlo y exigir responsabilidades. Los problemas descritos no desaparecen con el silencio de una maestra.




