Díaz-Canel responde a Trump y pide que “la comunidad internacional tome nota”: aquí va la respuesta que el régimen no quería escuchar

La Habana / Miami. — El presidente de Cuba, Puesto a Dedo, Miguel Díaz-Canel reaccionó este viernes en su cuenta oficial de X (antes Twitter) a las declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien aseguró desde Palm Beach, Florida, que su gobierno “tomará Cuba casi de inmediato” y que enviará el portaviones USS Abraham Lincoln a 90 metros de la costa cubana para forzar la rendición del régimen.

El mensaje de Díaz-Canel en X

En su publicación, el mandatario designado por la cúpula castrista escribió:

“El presidente de EE.UU. eleva sus amenazas de agresión militar contra #Cuba a una escala peligrosa y sin precedentes.

La comunidad internacional ha de tomar nota y, junto al pueblo de EE.UU., determinar si se permitirá un acto criminal tan drástico para satisfacer los intereses de un grupo pequeño pero adinerado e influyente, con ansias de revancha y dominación.

Ningún agresor, por poderoso que sea, encontrará rendición en Cuba. Tropezará con un pueblo decidido a defender la soberanía y la independencia en cada palmo del territorio nacional.

#LaPatriaSeDefiende”.

Hasta ahí, el libreto de siempre: amenazas, “grupo adinerado e influyente” (lectura entre líneas: el exilio cubano), y el comodín de la “soberanía”. Pero la realidad es muy distinta a la narrativa que La Habana intenta vender.

Sí, Díaz-Canel: ya es hora de que la comunidad internacional tome nota

El llamado de Díaz-Canel a que “la comunidad internacional tome nota” suena, por una vez, a una petición razonable. Solo que la nota que el mundo debería tomar no es la que pretende el régimen.

La comunidad internacional debe tomar nota, sí, pero de la dictadura más larga y oscura del hemisferio occidental: 67 años de un sistema de partido único que no ha permitido elecciones libres, que mantiene presos políticos —incluidos jóvenes que solo gritaron “libertad” el 11 de julio de 2021—, que persigue a periodistas independientes, que niega el acceso a internet sin censura, y que ha convertido a Cuba en uno de los países más empobrecidos y migrantes del planeta.

La comunidad internacional debe tomar nota de los apagones de hasta 20 horas diarias, de los hospitales sin medicinas, de las farmacias vacías, de los ancianos buscando comida en la basura, y de los más de un millón de cubanos que han abandonado la isla solo en los últimos cuatro años, en lo que ya constituye el éxodo más grande de la historia de Cuba. Eso, señor Díaz-Canel, es lo que el mundo tiene que mirar de frente. No las “amenazas” que tanto les duelen ahora que vienen desde Washington.

Estados Unidos hace lo que la “comunidad internacional” se niega a hacer

Durante décadas, organismos como la ONU, la OEA, la Unión Europea y buena parte de los gobiernos latinoamericanos han mirado hacia otro lado mientras el régimen castrista pisoteaba los derechos humanos del pueblo cubano. Algunos incluso aplaudieron, blanquearon o defendieron a la dictadura por afinidad ideológica o por miedo a perder simpatías populistas.

Ante esa cobardía colectiva, Estados Unidos se ha echado al hombro lo que el resto del mundo no quiso cargar: la causa de la libertad de Cuba. Trump, con su estilo directo y polémico, ha puesto sobre la mesa lo que muchos exiliados llevaban años pidiendo: presión real, sanciones efectivas y un mensaje claro al régimen de que la era de las concesiones se acabó. Se podrá estar de acuerdo o no con su tono, pero negar que está hablando del problema cubano cuando media política internacional finge que Cuba no existe… es deshonestidad pura.

El pueblo cubano lleva más de seis décadas esperando que “la comunidad internacional tome nota”. Ya tomó nota Díaz-Canel: el que está actuando es Estados Unidos.

La “soberanía” inventada por el castrismo

Díaz-Canel insiste en defender “la soberanía y la independencia en cada palmo del territorio nacional”. Pero hay una pregunta que el régimen jamás responde: ¿soberanía de quién?

Porque la soberanía, en su sentido real, pertenece al pueblo. Y al pueblo cubano se le robó esa soberanía hace 67 años, cuando una pequeña élite militar se apropió del país, eliminó la Constitución de 1940, fusiló a opositores, encarceló a disidentes, expropió a empresarios, expulsó a la Iglesia, prohibió los partidos políticos y convirtió la isla en una hacienda familiar primero, y en una empresa de los generales después.

El castrismo no defiende la soberanía nacional: defiende su propia versión de soberanía, una versión hecha a la medida de sus privilegios, donde los Castro y sus herederos viven en mansiones y manejan corporaciones como GAESA, mientras el pueblo hace cola por un pan, cocina con leña en pleno siglo XXI y cruza el mar en balsa o el Darién a pie. Esa no es soberanía. Esa es una dictadura disfrazada de patria.

El pueblo cubano merece ser libre

Trump podrá ser controvertido, sus amenazas podrán parecer exageradas, y un portaviones a 90 metros del Malecón es una imagen difícil de procesar. Pero detrás de la retórica hay una verdad que el régimen no puede tapar con consignas ni con marchas convocadas a empujones: el pueblo cubano merece ser libre, y lo merece YA.

Libre para elegir a sus gobernantes. Libre para emprender, viajar, opinar, protestar y vivir sin miedo. Libre del partido único que decide por todos. Libre de la familia política que se ha apropiado del país como si fuera un feudo personal. Libre, en definitiva, de Miguel Díaz-Canel y de los apellidos que él representa.

Que tome nota la comunidad internacional, sí. Pero que tome nota de lo que realmente pasa en Cuba: una dictadura agonizante, un pueblo despierto, y un mundo que ya no puede seguir mirando para otro lado.

#LaPatriaSeDefiende, dice Díaz-Canel. La patria se defiende, sí. Pero del régimen que la secuestró.

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