
Roberto Luque Escalona | Ojalá sea como La hora final de Castro, de Andrés Oppenheimer, una hora que ya dura 24 años. Desgraciadamente, hay motivos para temer que no será así. Muchos dictadores ha habido en la América hispana, pero ninguno tan destructivo y calamitoso como Fidel Castro. No han faltado incluso los que han gobernado con eficacia, como Gaspar Rodríguez Francia y Augusto Pinochet. De Machado y Batista se pueden decir muchas cosas negativas, pero no que sus acciones llevasen el país a la ruina. En el peor de los casos, cuando los dictadores no han hecho progresar a los países bajo su gobierno, al menos no los han arruinado. No ha sido ese el caso del déspota que nos ocupa.
“Estamos hartos de ti, de tu despotismo, de tu irresponsabilidad, de tu incompetencia”, le dije en la página final de Los Niños y el Tigre.
Muchos lo han llamado déspota y algunos, irresponsables; pocos parecen haber reparado en su abismal incompetencia como gobernante.
Parte del mito que lo rodea es su inteligencia. Sólo un hombre inteligente podría mantenerse tantos años en el poder, dicen. Pocos parecen tomar en cuenta que para matar, meter gente en la cárcel, mantenerla allí durante décadas y apoderarse de lo ajeno desde el poder no hace falta inteligencia alguna. Basta con la maldad.
Imaginen que alguien se apodere de una próspera finca robándoselas a sus dueños y luego arruine. ¿Dónde está la inteligencia? Fidel Castro se apoderó de todo un país, un país de economía tan sólida que ni la violencia política había podido descarrilar, y lo convirtió en un Estado pordiosero, que apenas puede subsistir sin la ayuda extranjera. No sólo fue incapaz de conservar la riqueza que había robado, sino que sus iniciativas para crear riqueza nueva están todas marcadas por una delirante estupidez, desde plantar manzanos en el Escambray a vides en Jiguaní, desde sembrar café sin sombra en tierra arcillosa que no retienen la humedad hasta crear suelos artificiales en unas tierras altas para criar ganado escocés, desde arrasar con los algarrobos que le daban sombra al ganado en los potreros camagüeyanos hasta desecar la ciénaga de Zapata, único delirio que no llegó a poner en práctica.
Que a un hombre sólo se le ocurran estupideces me parece motivo suficiente para, en el mejor de los casos, considerar la posibilidad de que sea un estúpido.
Gobernada de la manera más estúpida imaginable, Cuba dejó de ser el país generador de riqueza que había sido durante dos siglos. Entonces entraron en escena los soviéticos, que subsidiaron a Isla convertida en pordiosera, en una jugada política que seguramente les pareció genial y que terminaría contribuyendo a su ruina.
Cuando cayó el imperio del Mal, Fidel Castro quedó colgado de la brocha. Entonces comenzó la Batalla contra el Bloqueo, que antes era apenas un tópico secundario en la constante propaganda sobre la perversidad imperialista.
El país se hundía en la miseria del Período Especial en Tiempos de Paz cuando los venezolanos decidieron elegir presidente a un militar golpista a quien Fidel Castro había estado camelando. El sujeto resultó ser un fervoroso admirador del Destructor en Jefe, y el Río de la Limosna volvió a fluir hacia el Mar de la Felicidad en el que, según Hugo Chávez, navegaba Cuba. Sin embargo, a pesar de haber conseguido otra meretriz a quien chulear, el Coma parece haber pensado (que sea un estúpido como gobernante no implica que lo sea como político) que si Rusia se había ido al diablo, Venezuela bien podría correr la misma suerte, y mantuvo la campaña contra el “bloqueo”.
Al diablo está yéndose Venezuela. El fervoroso Chávez murió prematuramente y su sucesor heredó el desmadre que el zambo bolivariano había creado, incrementándolo a tal punto que hasta su propia permanencia en el poder parece estar en peligro. Para mayor desgracia, los precios del petróleo se han derrumbado.
Antes de la caída del Imperio Soviético los medio hermanos hijos de Lina Ruz no habían conocido la terrible experiencia de quedarse sin dinero extranjero. Como es natural, les aterra volver a vivir esa pesadilla. Pero, ¿quién podría sustituir a la putanesca y adinerada camarilla bolivariana? Parece que no hay relevo.
En tal situación, el levantamiento del embargo ha dejado de ser un tópico de propaganda para convertirse en asunto de vida o muerte, y la gentuza izquierdista, que vive su mejor momento en este país, se ha lanzado con todo lo que tiene para salvar la Robolución; su Robolución, que también es de ellos.
The New York Times, con la misma deshonestidad con que hace más de medio siglo inventó el mito del Robin Hood de la Sierra Maestra, toma la iniciativa mediática contra el embargo. La Universidad de Columbia, miembro de la Ivy Leage, esa yedra (ivy) cundida de alimañas, organiza una conferencia contra el embargo. Hillary Clinton y Charlie Crist, George Soros y el eje Fanjul- Saladrigas se lanzan al combate corred sinvergüenzas. Es la hora de los hornos y no se deben ver más que los diablos.
Tienen un problema: sus viejos argumentos van de la falsedad a la estupidez.
Que sin el embargo ha fracasado en su propósito de derribar la tiranía. Nunca tuvo tal propósito; se estableció como medida de represalia por el robo de propiedades de ciudadanos americanos.
Que sin el embargo le sirve de pretexto a la tiranía para explicar sus fracasos. Los gobiernos totalitarios no necesitan explicar nada; en los países que gobiernan solo su voz se escucha.
Que el pueblo de la isla es quien padece sus efectos. En los años 70’ el precio del azúcar se disparó; la bonanza azucarera no tuvo la menor incidencia en el nivel de vida de la gente. La permanencia de la miseria contribuye al control absoluto de la población, que quienes deben resolver diariamente necesidades elementales no se interesan en cambios políticos.
Que las inversiones y el comercio conducirán a una apertura democrática. Tras treinta y dos años de comercio e inversiones extranjeras China sigue siendo un Estado totalitario.
Que la creación de negocios privados crearía un sector independiente del Estado, que podría ser un factor de democratización. O sea, que aquello que no han hecho los millonarios chinos, lo harían los timbiricheros cubanos. En un sistema totalitario, nadie es independiente del poder de la camarilla gobernante.
Que el embargo no funciona. Si no funcionara, las cuantiosas compras de productos americanos se hubiesen hecho a crédito, que, como siempre, no serían pagados, y el gobierno americano hubiera tenido que indemnizar a los vendedores con dinero de los contribuyentes. El embargo también impide el acceso de la tiranía a los préstamos del Fondo Monetario Internacional… que tampoco pagarían.
En fin, que el levantamiento del embargo sería la mayor infamia de la Historia Americana. Estaría a la altura de esos que mencioné antes. Y de Barack Hussein Obama, el hombre más infame que haya morado en la Casa Blanca.
Roberto Luque Escalona
Periodista, escritor y novelista
Columnista del periódico Libre de Miami, Florida
Colaborador de El Correo de Cuba



