ICLEP condena secuestro del periodista independiente Henry Constantin

El Instituto Cubano por la Libertad de Expresión y Prensa (ICLEP) denunció la arbitraria e infame encarcelación del periodista Henry Constantin Ferreiro, secuestrado por el régimen castrista desde el 16 de septiembre e incomunicado sumariamente en la prisión de Kilo 7, en Camagüey.

Esta medida cautelar representa un castigo feroz, desproporcionado e injustificado contra el director del medio independiente La Hora de Cuba y vicepresidente regional para la isla de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), a quien la tiranía busca aniquilar profesionalmente mediante la fabricación del delito de «desobediencia».

Fabricación de cargos e instrumentalización del aparato judicial

El viciado expediente penal instruido por los esbirros de la tiranía castrista adolece de una falsedad estructural grotesca, al imputarle a Constantin el supuesto desacato a una citación verbal programada para el 9 de septiembre. En esa fecha, el comunicador acudió puntualmente a la cita, mientras los oficiales represores brillaban por su ausencia.

Lejos de aplicar la multa contemplada por la ley procesal para este tipo de incomparecencias, la maquinaria dictatorial optó despiadadamente por la medida cautelar más extrema.

Con esta maniobra perversa, el castrismo busca decapitar la línea editorial de La Hora de Cuba, neutralizando una de las voces más firmes de la resistencia informativa.

Violaciones sistemáticas del debido proceso y tortura psicológica

En los días de cautiverio, las autoridades totalitarias perpetraron al menos once violaciones flagrantes al debido proceso contra el reportero, ocultando su paradero inicial durante horas y proporcionando deliberadamente información falsa a su equipo de defensa sobre el sitio de reclusión.

Mediante comunicados verbales de cargos, trabas burocráticas e insólitos cierres de tribunales bajo el pretexto ridículo de un cambio de labor, el aparato judicial sumiso postergó la audiencia de hábeas corpus más allá del límite legal de 72 horas.

El ICLEP enfatiza que este entramado no es un hecho aislado, sino una brutal persecución política destinada a torturar psicológicamente al periodista y paralizar a su entorno.

Radiografía de la cacería humana y la represión continuada

La sistematicidad de esta cacería humana queda al descubierto en la base de datos del Observatorio Cubano de Libertad de Expresión y Prensa, entidad perteneciente al ICLEP, la cual documenta 26 violaciones represivas repartidas en 20 registros específicos contra Constantín entre el 19 de diciembre de 2024 y el 24 de septiembre de este año.

Todas estas agresiones, ejecutadas por agentes del régimen, incluyen ocho detenciones arbitrarias, en tres de las cuales la tiranía hizo desaparecer temporalmente a Henry Constantin.

Varias de estas detenciones coincidieron estratégicamente con actos de la diplomacia de Estados Unidos en la isla, demostrando el pánico patológico de la cúpula comunista ante la verdad.

El miedo de la dictadura a la verdad informativa

Cada acto de violencia de Estado perpetrado contra Henry Constantin ha generado alertas públicas inmediatas emitidas por el ICLEP, denunciando el ensañamiento contundente del aparato represivo contra quienes ejercen el periodismo independiente.

El encarcelamiento actual en Kilo 7 no constituye un error de cálculo, sino el clímax de un patrón sistemático de amedrentamiento concebido para silenciar la cobertura periodística de la devastadora crisis socioeconómica e institucional que carcome al país.

Al privar de libertad al vicepresidente regional de la SIP, los esbirros pretenden enviar un mensaje intimidatorio a toda la comunidad de reporteros independientes que resisten dentro de Cuba.

Exigencia internacional frente a la impunidad castrista

Frente a este deplorable atropello contra los derechos humanos, el ICLEP condena con absoluta firmeza el accionar de la tiranía castrista e insta a los organismos internacionales a reaccionar sin tibieza ante los crímenes de la dictadura.

La permanencia de Henry Constantin en un calabozo por una citación incumplida por los propios represores constituye una prueba irrefutable de la inexistencia del estado de derecho en Cuba.

La historia juzgará con severidad a la cúpula criminal que hoy mantiene encadenados a los periodistas libres.

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