Invertir en Cuba sigue siendo una apuesta difícil mientras quienes aporten capital teman perderlo, advirtió Marco Rubio.
En un video difundido por los canales de Cubanos por el Mundo, el secretario de Estado estadounidense sostuvo que la isla tiene la oportunidad de avanzar hacia algo mejor, pero que para lograrlo necesita libertad política y libertad económica.
Rubio cuestionó la confianza que puede inspirar el actual modelo de gobierno a cualquier persona dispuesta a poner dinero en un negocio. Su argumento es sencillo: nadie quiere arriesgar sus ahorros si cree que, después de invertir, pueden quitarle lo que construyó.
La declaración llega después de que el régimen cubano anunciara en junio un paquete de 176 medidas para ampliar la actividad privada y atraer capital.
Esas supuestas reformas, aseguró Marco, están «solo en papel» y habría que implementarlas.
Entre sus propuestas figuran nuevas posibilidades de participación para inversores y empresas privadas. Las autoridades, al mismo tiempo, han insistido en que los cambios buscan mejorar el modelo socialista, no reemplazarlo.
Invertir en Cuba donde no hay «legitimidad ni credibilidad», asegura Marco Rubio
Para invertir en Cuba, un emprendedor necesita más que una autorización. Debe poder conocer las reglas, calcular sus costos y tener garantías de que conservará su negocio si cumple con la ley. También necesita una vía efectiva para reclamar cuando una decisión oficial perjudique sus derechos.
Rubio pone de ejemplo invertir en la Isla 10 millones de dólares y luego viene el régimen y «por su cuenta deciden cambiar las reglas».
Esto supone que se quedan con el dinero y no te lo devuelven. «Y eso ha pasado una y otra vez en Cuba», sentenció.
Las 176 medidas pueden crear oportunidades, pero dejan abierta la pregunta que plantea Rubio: ¿quién garantiza que esas oportunidades seguirán existiendo dentro de unos años? Una inversión puede tardar mucho tiempo en recuperarse. Por eso, la estabilidad de las normas importa tanto como el permiso inicial para operar.
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La tiranía de La Habana busca atraer dinero de dentro y fuera de la isla mientras mantiene intacto el sistema político. Rubio, en cambio, vinculó ambas libertades. A su juicio, permitir cierta actividad económica no basta si los ciudadanos carecen de libertad para influir en las decisiones que determinan el futuro del país.
Esa diferencia explica buena parte del escepticismo ante las nuevas reformas. La Habana presenta sus medidas como una respuesta a la crisis económica, pero no ha anunciado junto a ellas cambios políticos equivalentes. Su propia explicación oficial sitúa las reformas dentro de la continuidad del socialismo.
La confianza no se decreta
La duda alcanza tanto al pequeño emprendedor cubano como al emigrado que contempla regresar con capital. Ambos pueden ver una oportunidad de crear empleos y ofrecer productos o servicios. También pueden preguntarse qué ocurrirá si cambian las prioridades del Gobierno y se restringe nuevamente el espacio concedido al sector privado.
Para invertir en Cuba con una perspectiva de largo plazo, esas preguntas necesitan respuestas concretas. No basta con calificar una apertura de «irreversible»: hacen falta reglas estables y garantías que no dependan de la necesidad económica del momento.
La advertencia de Rubio se centra precisamente en ese punto. Si Canel quiere atraer inversiones, deberá convencer a quienes arriesguen su patrimonio de que podrán conservarlo y defenderlo. Y, según el secretario de Estado, un futuro mejor para la isla exige además que los cubanos puedan ejercer sus libertades políticas.
Las 176 medidas han reabierto el debate sobre lo que el Gobierno está dispuesto a permitir. Lo que todavía debe demostrar es cuánto poder está dispuesto a ceder y qué protección ofrecerá a quienes acepten su invitación a hacer negocios.
Invertir en Cuba podría ayudar a crear empleos y aliviar carencias, pero ninguna campaña para atraer capital puede sustituir la confianza. La pregunta que deja Marco es si las reformas actuales darán a los cubanos garantías duraderas o si volverán a pedirles dinero mientras las decisiones fundamentales permanecen en las mismas manos.