El operativo contra la minería ilegal de oro en Guantánamo, que habría dejado al menos 60 detenidos en El Yarey, municipio de Yateras, provocó críticas de ciudadanos que cuestionan las prioridades del régimen cubano.
Entre los comentarios compartidos, el reclamo se repite: detrás de los buscadores de oro hay familias necesitadas y trabajadores cuyos ingresos no alcanzan para comer. «Dejen a la gente subsistir», pidió Reynier Ramos.
Según el perfil oficialista Guantánamo y su Verdad, fuerzas del Ministerio del Interior encabezaron la redada.
Algunos implicados podrían enfrentar cargos por contaminación de los suelos y desobediencia. Sin embargo, la información es preliminar: no existe confirmación oficial del número exacto de arrestos ni de las circunstancias individuales de los detenidos.
Operativo contra la minería ilegal de oro en Guantánamo: el hambre detrás de la redada
Rosa Anelis Alfonso Orman puso el dedo sobre una responsabilidad que la propaganda suele esquivar: si el Estado ofreciera ingresos suficientes, esas personas no necesitarían recurrir a semejante actividad.
Su comentario describe una búsqueda motivada por la obligación de sostener a la familia, lejos de cualquier aventura recreativa.
Yaquelin Ortiz Rodríguez aseguró conocer profesionales, incluidas mujeres, que participan en esa labor porque sus salarios resultan insuficientes para alimentar a sus hijos.
Es un testimonio personal, pero plantea una pregunta incómoda: ¿qué valor tiene la promesa socialista de dignificar el trabajo cuando, según estos ciudadanos, ni una formación profesional garantiza sustento?
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Reynier Ramos resumió esa indignación al señalar que existe «un pueblo muriendo de hambre». Su crítica desplaza el foco hacia la emergencia cotidiana de quienes buscan sobrevivir.
El operativo exhibe la contradicción de un poder que exige obediencia mientras recibe denuncias de incapacidad para garantizar necesidades básicas.
«Velar por la madrugada a los ladrones»
Samantha Vega reclamó que la vigilancia policial se concentre en las calles, contra quienes roban y asaltan, en lugar de perseguir a personas que, a su juicio, buscan sustento familiar. Su comentario cuestiona la distribución de recursos represivos y la protección efectiva del ciudadano.
Yenis Meivis defendió una distinción semejante: «Al menos no están robando». Esa frase expresa cómo interpreta la comentarista la situación. Para ella, obtener dinero mediante el esfuerzo merece una consideración diferente de quitárselo violentamente a otra persona.
Miguel Montes de Oca Ramírez propuso un intercambio educativo con los implicados y diferenció su conducta de la de quienes asaltan o asesinan. Miriam Pelegrin Ramirez también sugirió advertencias y prevención. Ambas opiniones reclaman respuestas proporcionales, capaces de atender el problema sin convertir automáticamente la precariedad en motivo de castigo.
El salario socialista, bajo sospecha
Marcos Antonio Matos Lopez recurrió al sarcasmo: «Que vivan del salario que con eso alcanza… ¿o no?». La pregunta desmonta el triunfalismo del operativo.
Celebrar detenciones resulta sencillo; explicar cómo alimentar una familia con ingresos insuficientes exige respuestas.
Julia Jorge y Carmen Rojas Nuñez hablaron de un bloqueo entre los propios cubanos. Sus expresiones cuestionan una narrativa oficial que atribuye las dificultades al exterior y deja fuera del debate los obstáculos internos.
Cualquier daño ambiental, si lo hubiese, requiere investigación y responsabilidades individualizadas.
Pero proteger el entorno no exime al régimen de responder por las condiciones económicas que, según estos testimonios, empujan a asumir riesgos.
El operativo contra la minería ilegal de oro en Guantánamo deja así una pregunta: ¿cuántas redadas hacen falta para reconocer que la necesidad también exige soluciones?
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Dar oportunidades, salarios suficientes y libertad económica permitiría enfrentar las causas que los comentaristas señalan.
Desde el post de Cubanos por el Mundo muchas personas fustigaron el rol represivo del régimen. «Todo contra el pueblo y ellos viviendo como Carmelina», escribió Armando Jose Lopez.
Mientras Misael Hinojosa lanzó una polémica «Dicen que las necesidades obligan y en estos tiempos difíciles tienes que escoger o morirte de hambre o cuidar la naturaleza.»




