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En el despiadado engranaje represivo de la dictadura castrista, el opositor cubano Adrián Curuneaux Stivens enfrenta un cuadro severo de desnutrición grado I con apenas 60 kilogramos de peso tras su confinamiento en la prisión de Melena del Sur.
Desde el pasado 18 de abril, en este recinto carcelario concebido como un centro de tortura y exterminio, el dirigente del Movimiento Opositores por una Nueva República (MONR) padece la denegación de tratamiento médico e insumos alimenticios para la diabetes tipo 2 que quebranta su salud.
Mediante una desgarradora carta clandestina recibida por el portal CubaNet, el activista de 57 años expuso el salvajismo del régimen contra la disidencia.

Bajo celdas hacinadas de 50 metros de largo por seis de ancho, cerca de 90 prisioneros políticos y comunes subsisten entre techos prefabricados fracturados que anegan constantemente catres y pertenencias durante los aguaceros.
En esta infraestructura insalubre provista de solo cuatro letrinas a ras de suelo —conocidas popularmente como “turcos”—, los reos se ven forzados a recolectar el agua potable en las mismas áreas fecales, multiplicando exponencialmente las infecciones gastrointestinales.
A causa del robo institucionalizado perpetrado por custodios, personal médico y cocineros, el 90 por ciento de la población penal padece inanición crónica mientras tolera raciones descompuestas y rebajadas con agua.
En este auténtico campo de concentración de Mayabeque, donde la barbarie convive con brotes no controlados de tuberculosis, sida, cólera y gonorrea, al opositor cubano le niegan intencionalmente la dieta estricta de seis comidas diarias prescrita para su condición metabólica.
Condenas arbitrarias y persecución judicial
Mediante fallos judiciales arbitrarios que suman 11 años de condena acumulada bajo los cargos inventados de atentado, desacato y agresiones, el aparato penal castrista busca aniquilar físicamente la resistencia cívica.
Tras el violento arresto acaecido el 17 de julio de 2023 en su vivienda junto a su hijastro Luis Enrique Fajardo Nápoles, la Fiscalía Municipal de Playa exigió originalmente ocho años de encarcelamiento, desembocando el 13 de marzo de 2024 en una sanción de cuatro años por supuesto delito de lesiones.
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Pese a los recursos presentados por la plataforma Justicia 11J, el Tribunal Provincial de La Habana desestimó de inmediato la solicitud de habeas corpus.
Posteriormente, por el simple intento de solidarizarse el 4 de mayo de 2021 con el artista huelguista Luis Manuel Otero Alcántara en el Hospital Calixto García, las autoridades judiciales impusieron otros siete años de privación de libertad al opositor cubano.
Traslados punitivos y aislamiento deliberado
Durante los primeros meses del año 2026, las huestes del Ministerio del Interior ejecutaron traslados punitivos continuos para desestabilizar emocionalmente a la disidencia.
A finales de marzo, desde la prisión 1580 en San Miguel del Padrón, condujeron al opositor cubano hacia el tenebroso Combinado del Este, antes de refundirlo definitivamente en el presidio de Melena del Sur.
Bajo estas directrices de la contrainteligencia militar para aislar a los líderes cívicos, la dictadura aplica una dispersión penitenciaria sistemática que priva a las víctimas de las provisiones familiares entregadas durante las visitas.
Con una saña institucional implacable, la tiranía utiliza la privación alimentaria como arma contra los prisioneros de conciencia.
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Impunidad estatal y violación sistemática de derechos
Frente a la complicidad del sistema judicial cubano, el sometimiento a golpizas, maltratos psicológicos y denegación de auxilio médico constituye una violación premeditada de los Estándares Mínimos para el Tratamiento de los Reclusos.
En el entramado totalitario de la isla, la administración penitenciaria opera con impunidad absoluta, amparada por un Código Penal diseñado para criminalizar los derechos fundamentales.
A través de este asedio cotidiano, el régimen busca extinguir la voz de todo opositor cubano que denuncie los horrores del cautiverio.
En las mazmorras del castrismo, la agonía de Curuneaux Stivens simboliza la tragedia de cientos de secuestrados políticos, donde la tortura responde a una política de estado para quebrantar la dignidad humana.
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