Cuba y los cubanos, donde esténNoticias · Opinión · Comunidad

A Padura y Cavada: dejen de mirar hacia Washington y exíjanle cuentas al castrismo

Padura señala a Washington y Cavada admite que dejó sin preguntar a Díaz-Canel por los presos políticos. Esta columna interpela a ambos con antecedentes de la crisis anteriores a Trump y cifras del respaldo soviético: el régimen castrista debe responder por sus decisiones, sus promesas incumplidas y el sufrimiento de los cubanos.

Publicado: Actualizado:
Sátira de Díaz-Canel en un trono de faraón, con Cavada a la izquierda y Padura a la derecha barriendo ante un muro de calaveras.
Sátira editorial de Cubanos por el Mundo: Díaz-Canel aparece como faraón, mientras Roberto Cavada y Leonardo Padura barren a sus lados. La escena es una composición ficticia.

El régimen castrista lleva casi 68 años en el poder. El cubanos de a pie paga la factura

Padura mira hacia Washington. Cavada dejó sin preguntar por los presos políticos. El castrismo vuelve a quedar a salvo de las preguntas que debe responder.

Leonardo Padura necesita seis bidones y un automóvil para conseguir agua para su casa en La Habana. Lo cuenta en una entrevista con EFE publicada por RC Noticias el 30 de septiembre. Un escritor reconocido internacionalmente, con premios, lectores y posibilidades que muchos de sus compatriotas no tienen, debe organizar una expedición para resolver una necesidad elemental.

Pensemos en quienes no tienen automóvil. En el anciano que vive solo. En la madre que debe cargar agua y cuidar a sus hijos. Para ellos, sobrevivir consume las horas que deberían dedicar a vivir.

Padura describe ese sufrimiento. Pero cuando llega el momento de señalar responsabilidades, dirige el foco hacia Estados Unidos: las medidas contra el gobierno no han conseguido cambiarlo y la población sigue sufriendo.

El régimen castrista sigue.

Ahí está el problema que su argumento deja en segundo plano.

Sigue después de cada promesa incumplida, cada crisis bautizada como transitoria y cada sacrificio exigido a los ciudadanos. Sigue mientras los cubanos envejecen esperando una recuperación que siempre parece estar a la vuelta de la próxima medida. Su capacidad para conservar el poder merece una explicación distinta de su incapacidad para garantizar bienestar.

La supervivencia del castrismo no lo absuelve de sus resultados.

Y la memoria impide atribuirle a Trump el origen de un fracaso que lo precede.

El 10 de julio de 2016, Cubanos por el Mundo reportaba el regreso de largos apagones. Obama estaba en la Casa Blanca. Había visitado Cuba en marzo. Trump todavía no había ganado las elecciones.

El propio Raúl Castro había reconocido, en su discurso del 8 de julio de 2016 ante la Asamblea Nacional, que la economía creció apenas un uno por ciento durante el primer semestre: la mitad de lo previsto. Admitió menores ingresos de los esperados por exportaciones, una contracción del suministro venezolano de combustible y atrasos en los pagos a proveedores.

La crisis ya tenía expedientes, cuentas pendientes y responsables dentro del gobierno.

Padura reconoce que las autoridades cubanas desaprovecharon el acercamiento con Obama. Esa admisión merece mucho más que una frase de paso. ¿Qué decisiones impidieron aprovecharlo? ¿Quién las tomó? ¿Por qué quienes desperdiciaron aquella oportunidad deben quedar ahora protegidos por la atención que se concede a Washington?

La historia del respaldo económico recibido vuelve esas preguntas todavía más incómodas.

La estimación de Carmelo Mesa-Lago reproducida por Jorge F. Pérez-López sitúa el apoyo soviético a Cuba entre 1960 y 1990 en 65.119 millones de dólares: 39.390 millones en subsidios de precios y 25.729 millones en préstamos. Son importes históricos; no una cifra actualizada por inflación.

Después llegó Venezuela, con combustible, facilidades financieras y compras de servicios profesionales. El informe de Cubanos por el Mundo sobre ayuda y deuda distingue esas operaciones de las donaciones y advierte contra sumar dos veces préstamos y condonaciones.

No hace falta inflar las cifras. El respaldo documentado basta para exigir cuentas.

Hubo recursos, proyectos y períodos de recuperación. Lo que el régimen no consiguió fue construir una prosperidad sostenible. Conservó una economía vulnerable y una población obligada a pagar cada nueva emergencia.

Cambió el patrocinador. Permaneció la dependencia.

En su investigación sobre la crisis de los noventa, Pérez-López identificó las ineficiencias de la planificación central y la resistencia de la dirigencia a reformas necesarias. La discusión sobre Cuba lleva décadas tropezando con el mismo obstáculo: un poder que administra las decisiones económicas y pretende administrar también las explicaciones de su fracaso.

Roberto Cavada merece un examen propio.

Nació en Ciego de Ávila, trabajó como periodista en Cuba y emigró. La realidad cubana pertenece a su biografía. Cuando tuvo a Díaz-Canel frente a frente, disponía de un conocimiento del país que ningún corresponsal recién llegado podría adquirir en una visita.

Sin embargo, en una entrevista con Revista Contacto publicada el 16 de julio de 2026, reconoció que dejó sin hacer la pregunta sobre los presos políticos. También aclaró que nadie le había prohibido plantearla.

Tuvo al gobernante delante. La pregunta quedó fuera.

En esa misma conversación, Cavada presentó a Díaz-Canel como alguien atrapado en una situación heredada y le atribuyó buena voluntad. Reconoció que ciertas decisiones económicas debieron tomarse diez o veinte años antes, pero se apartó de juzgar esas responsabilidades.

Comprensión para quien gobierna. Cautela para exigirle cuentas. Los presos, pendientes.

La omisión tiene peso porque afecta a personas concretas. Detrás de la expresión «presos políticos» hay familias, años perdidos y ciudadanos que no disponen de una entrevista para explicar su versión.

Un periodista no necesita insultar al entrevistado. Necesita preguntarle lo que este preferiría no responder y sostener la pregunta cuando la respuesta se desvía.

¿Qué responsabilidad asume por las decisiones aplazadas? ¿Por qué los ciudadanos deben seguir pagando sus errores? ¿Cuándo podrán decidir libremente quién los gobierna?

El efecto de un encuadre que comprende al gobernante y deja fuera una pregunta esencial sobre la represión es lavar la imagen del poder. Esa crítica puede sostenerse en las propias admisiones de Cavada, sin inventar sus motivos personales para emigrar ni atribuirle vínculos que no están demostrados.

A Padura hay que discutirle su argumento con la misma firmeza. Que una política no haya conseguido cambiar al régimen no demuestra que ese régimen deba conservarse. Tampoco convierte su permanencia en una garantía de alivio.

La responsabilidad por el sistema que gobierna Cuba corresponde al castrismo. Quienes deciden cómo se produce, se invierte y se administra el país deben responder por las consecuencias. No pueden reclamar autoridad sobre todas las decisiones y descargar fuera de sus fronteras la responsabilidad por los resultados.

Los cubanos de dentro y de fuera conservan su dignidad. La conservan cuando cargan agua, cuando envían dinero a sus familias y cuando rehacen su vida lejos de su hogar. El fracaso pertenece al poder que les exige sacrificios interminables.

Defender al pueblo exige defender su derecho a sustituir a quienes lo gobiernan, a exigir cuentas y a escoger otro futuro.

Después de más de 67 años, Cuba no necesita otra explicación destinada a proteger la continuidad del castrismo. Necesita que esa continuidad deje de estar por encima de la vida de sus ciudadanos.

El gobierno sigue. El pueblo no tiene por qué seguir pagando su permanencia.

Ernesto García

Periodista y editor con más de 25 años de experiencia. Me gradué en la Universidad de Oriente, en Santiago de Cuba, y desde entonces dediqué mi vida a contar historias, a informar y a defender el periodismo libre. En 2016 tuve que dejar Cuba. La censura y la persecución a los periodistas me obligaron a tomar esa decisión. Llegué a Miami y aquí encontré la libertad que necesitaba para seguir haciendo lo que más amo: periodismo sin ataduras. Hoy soy Director General de Cubanos por el Mundo, una plataforma que nació para conectar, visibilizar y acompañar a todos los cubanos que, como yo, construimos nuestra vida fuera de la isla sin perder nuestras raíces. Porque ser cubano no termina donde termina Cuba.

Más noticias de este autor

Deja un comentario

Descubre más desde Cubanos por el Mundo

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo

Share to...