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El preso político cubano Ediolvy Marín Mora permanece víctima de una feroz campaña de incomunicación y tortura psicológica tras la arbitraria extensión de su régimen de aislamiento en la Prisión Provincial de Camagüey (Kilo 8), según confirmaron otros prisioneros a través de denuncias telefónicas filtradas desde ese penal de máxima severidad donde la dictadura militar castrista intenta aplastar a quienes no se doblegan.
Las mazmorras destinadas al encierro punitivo en dicho centro penitenciario son recintos diseñados minuciosamente para el exterminio físico y emocional. Quienes han sobrevivido a esos espacios los describen como huecos insalubres, helados y marcados por una humedad asfixiante.
Como parte del ensañamiento sistemático del aparato represivo contra cada preso político, a las víctimas se les despoja de sus escasos objetos personales y se les somete a privaciones cotidianas infames: “el colchón o colchoneta se les retira a las 6:00 de la mañana y no se les devuelve sino hasta pasadas las 8:00 de la noche”, garantizando que el cautiverio se convierta en un tormento ininterrumpido durante las veinticuatro horas del día.
Represalias brutales por denunciar los abusos carcelarios
Según reportó CubaNet, esta nueva escalada de represión contra Marín Mora no es un hecho aislado, sino una venganza directa de la cúpula carcelaria. El pasado 30 de julio, el manifestante fue sepultado en una celda de castigo como represalia por atreverse a denunciar ante el exterior el infierno, el hacinamiento y la falta de derechos que sufren los reclusos en la instalación.
Aunque el periodo inicial de aislamiento estaba fijado en dos semanas, la tiranía decidió aumentar la dosis de crueldad. El 17 de agosto, el prisionero logró comunicar a sus compañeros que los uniformados le habían prolongado la sanción por un mes adicional en una celda totalmente tapiada.
Incomunicación absoluta y vigilancia extrema
Las alarmas sobre la integridad física del manifestante fueron encendidas por el también preso político Carlos Alain Abrahantes Valdés y el reo Danisbel Labrada Morales. Ambos lograron burlar momentáneamente la censura para alertar sobre la grave situación de indefensión en la que se encuentra Marín Mora.
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La vigilancia en su contra es tan severa que, según relataron sus compañeros, el 14 de agosto los esbirros le permitieron realizar una llamada telefónica a su hermano de menos de diez minutos, pero bajo la custodia pegajosa de un esbirro que fiscalizó cada palabra para evitar que se revelara la barbarie que padece en el encierro.
De la protesta pacífica en Nuevitas a la cacería del régimen
El régimen de La Habana le cobra con saña a Ediolvy Marín Mora su decisión de sumarse a las protestas pacíficas que sacudieron la localidad de Nuevitas en agosto de 2022, cuando la población se tiró a las calles exasperada por los insoportables y prolongados apagones.
La respuesta del Estado dictatorial fue la fuerza bruta: el 6 de septiembre de ese mismo año, las fuerzas represivas allanaron violentamente su vivienda en el reparto La Gloria. Antes de que las garras de la tiranía se cerraran sobre él, este ciudadano de 39 años se ganaba la vida honradamente como trabajador cuentapropista en una concretera particular.
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Un juicio amañado para imponer 13 años de condena
El calvario represivo contra este preso político demuestra el carácter preventivo y punitivo de la (in)justicia castrista. Tras su arresto, permaneció 31 días secuestrado e interrogado en las celdas de la Seguridad del Estado en el reparto Garrido.
Posteriormente fue enviado a la cárcel Cerámica Roja, donde la dictadura lo mantuvo en un limbo legal durante más de dos años y tres meses en espera de un juicio amañado. No fue hasta enero de 2024 cuando el Tribunal Provincial Popular de Camagüey le fabricó los delitos de sabotaje y sedición para imponerle una despiadada condena de 13 años de privación de libertad, ordenando su traslado final al infierno de Kilo 8 el 7 de enero de 2025.
Registrado formalmente en las bases de datos de la ONG Prisoners Defenders, el drama de Ediolvy Marín Mora evidencia cómo el castigo contra todo preso político en Cuba no concluye con una sentencia arbitraria dictada en los tribunales, sino que se extiende indefinidamente mediante la tortura, el aislamiento y el sadismo de un régimen incapaz de tolerar la dignidad humana.
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