Bases de inteligencia chinas en Cuba: The Hill advierte sobre una amenaza estratégica para EEUU

La presencia de instalaciones vinculadas a la inteligencia china en Cuba volvió a encender las alertas sobre el papel estratégico que desempeña la isla para Beijing a pocas millas de Estados Unidos.

Una columna de opinión publicada por The Hill advirtió sobre la profundidad de la cooperación entre el régimen castrista y China y planteó que Washington debía impedir que el gigante asiático consolidara su infraestructura de espionaje en territorio cubano.

El artículo, firmado por el escritor y analista estadounidense Gordon G. Chang bajo el título No permitan que China rescate a Cuba”, puso el foco en instalaciones de inteligencia de señales que China mantendría en la isla y en el peligro que representarían para las operaciones militares estadounidenses.

Chang se apoyó, entre otras fuentes, en un informe publicado en julio por el Departamento de Estado de Estados Unidos, que describió a Cuba como un punto donde “convergen las ambiciones de Moscú, Beijing y Teherán” y como un “multiplicador de fuerza” para una coalición contraria a los intereses estadounidenses.

En ese sentido, uno de los señalamientos más importantes recogidos en la columna apuntó directamente a las actividades de inteligencia china en Cuba.

De acuerdo con el informe citado por Chang, China mantuvo en Cuba una “presencia persistente de recopilación de inteligencia”, mientras Beijing “opera activamente tres de las 18” instalaciones conocidas de inteligencia de señales existentes en territorio cubano.

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Inteligencia china en Cuba como plataforma a las puertas de Estados Unidos

La ubicación de la isla convirtió cualquier infraestructura de este tipo en un asunto especialmente sensible para Washington. Cuba se encuentra a menos de 100 millas de Florida, una posición que permitiría potencialmente captar señales procedentes del territorio estadounidense y seguir determinadas actividades militares y de seguridad.

La preocupación tampoco surgió exclusivamente del artículo publicado por The Hill.

El Center for Strategic and International Studies (CSIS) documentó mediante análisis de imágenes satelitales varias instalaciones en Cuba con características compatibles con operaciones de inteligencia de señales o SIGINT.

Entre los lugares identificados estuvieron Bejucal, Wajay, Calabazar y El Salao, instalaciones que durante los últimos años concentraron la atención de especialistas por sus antenas, sistemas de comunicaciones y procesos de ampliación.

Bejucal, situada al sur de La Habana, ocupó un lugar particularmente relevante. Investigaciones del CSIS señalaron que el complejo apareció durante años asociado en fuentes públicas con actividades chinas, aunque el centro de estudios también advirtió que las imágenes satelitales por sí solas no permitieron determinar de manera definitiva quién operó cada instalación.

Wajay, ubicada relativamente cerca de Bejucal, también mostró una considerable infraestructura de antenas. Calabazar, por su parte, contó con equipamiento que los investigadores consideraron compatible con diferentes funciones de recopilación de señales.

El caso de El Salao, en las proximidades de Santiago de Cuba, resultó especialmente significativo debido a su ubicación en el Oriente de la isla y su relativa cercanía con la Base Naval estadounidense de Guantánamo.

Los análisis satelitales identificaron allí la construcción de una matriz circular de antenas que podría emplearse para tareas de inteligencia. Investigaciones posteriores señalaron, sin embargo, que los trabajos en esa instalación mostraron escasos avances durante un período prolongado.

Una relación de inteligencia que podría remontarse a los años 90

Chang también profundizó en los antecedentes de la cooperación entre el régimen castrista y Beijing.

El articulista citó a R. Evan Ellis, investigador del U.S. Army War College, quien le indicó que China pudo haber operado puestos de escucha en territorio cubano desde 1993.

Otros análisis situaron el comienzo de una presencia más significativa alrededor de 1999, cuando el entonces ministro de Defensa chino, el general Chi Haotian, visitó Cuba.

En cualquiera de los escenarios, Chang sostuvo que la relación de inteligencia entre Beijing y La Habana resultó “profunda y de larga data”.

Cuba ya desempeñó durante la Guerra Fría un papel estratégico similar para la Unión Soviética. El complejo de Lourdes, situado cerca de La Habana, funcionó como una de las instalaciones soviéticas de inteligencia de señales más importantes fuera del territorio de la URSS.

La posibilidad de que China aprovechara posteriormente la privilegiada posición geográfica de la isla volvió a convertir al territorio cubano en una pieza de interés dentro de la competencia entre las grandes potencias.

Washington calificó la presencia como un riesgo para sus operaciones militares

El Departamento de Estado fue más allá de señalar la existencia de infraestructura de inteligencia.

Según el informe citado en The Hill, esa presencia representó “un riesgo grave para la seguridad operacional militar de Estados Unidos”, mientras Cuba figuró entre los “puestos de escucha extranjeros más críticos” de China.

Ellis también advirtió a Chang que Beijing probablemente intentaría conservar sus instalaciones estratégicas en la isla durante el mayor tiempo posible.

“Después de haber sido sorprendida por Venezuela, China está atenta a una acción militar estadounidense en Cuba, pero probablemente conservará sus instalaciones estratégicamente valiosas de recopilación de inteligencia electrónica y de señales en Cuba hasta el día en que sea expulsada”, afirmó.

La preocupación estadounidense adquirió una dimensión adicional el 6 de agosto, cuando el Departamento de Estado sancionó a Waldo Pérez Cortés, alto representante militar cubano en China.

Pérez Cortés figuró entre seis ciudadanos cubanos y cinco entidades incorporados a la lista de Nacionales Especialmente Designados y Personas Bloqueadas del Departamento del Tesoro. Washington aseguró que el funcionario ayudó en “la adquisición de equipos relacionados con el ámbito militar desde China hacia Cuba”.

La medida aportó otro elemento a las sospechas sobre la profundidad de la cooperación militar entre la dictadura cubana y Beijing.

Chang pidió aumentar la presión para frenar la presencia china

El artículo de The Hill no se limitó a describir la infraestructura de inteligencia. Chang planteó abiertamente cómo Estados Unidos podría presionar a China para reducir su presencia en Cuba.

El autor citó al general retirado de la Fuerza Aérea estadounidense Blaine Holt, quien propuso adoptar acciones “justo por debajo del umbral de la guerra” para elevar el costo de mantener personal e instalaciones chinas en territorio cubano.

Chang conectó además el problema de seguridad con la creciente asistencia energética de Beijing a La Habana.

China desempeñó un papel importante en el desarrollo de parques solares destinados a aliviar parcialmente la devastadora crisis eléctrica cubana. Según las cifras recogidas por el articulista, estas instalaciones llegaron a suministrar aproximadamente el 10 % de la demanda eléctrica de Cuba.

Para Chang, ese respaldo energético podría convertirse en un salvavidas para un régimen golpeado por el deterioro de su infraestructura, la falta de combustible y los apagones.

Su conclusión fue explícita: Estados Unidos debía impedir que China utilizara su capacidad económica y tecnológica para sostener a La Habana mientras mantenía simultáneamente una presencia estratégica a escasa distancia del territorio estadounidense.

El régimen castrista respondió y calificó las denuncias de “infundios”

Solo después de la publicación de la columna, la dictadura cubana salió a responder públicamente a los señalamientos.

El vicecanciller del régimen, Carlos Fernández de Cossío, recurrió a su cuenta en X para atacar directamente a Chang y negar las acusaciones sobre instalaciones extranjeras en territorio cubano.

“Gobierno de EE. UU. continúa con su campaña de calumnias contra Cuba. Contrataron ahora a otro mentiroso llamado Gordon Chang, quien publicó en la revista The Hill una columna preñada de los mismos infundios disparatados sobre supuestas bases militares extranjeras en Cuba”.

La respuesta de De Cossío mantuvo la línea utilizada durante años por la dictadura cubana para rechazar los señalamientos sobre actividades militares o de inteligencia chinas en la isla.

Sin embargo, el artículo de The Hill volvió a colocar el asunto en el debate estadounidense, respaldado no solamente por las afirmaciones de su autor, sino por investigaciones satelitales, informes de centros especializados y documentos oficiales que advirtieron sobre una presencia china de recopilación de inteligencia en Cuba.

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