La tortura en Cuba volvió a quedar en el centro de las denuncias contra el régimen castrista luego de que el activista Mario Alberto Hernández Leyva afirmara que agentes de la Seguridad del Estado lo mantuvieron encerrado durante varias horas dentro de una patrulla policial expuesta al intenso calor, en una zona ubicada a unos 20 kilómetros de La Habana.
El opositor aseguró que el episodio puso en riesgo su vida y lo dejó al borde del desmayo, mientras organizaciones de derechos humanos han advertido desde hace años sobre este tipo de prácticas como mecanismos de intimidación y castigo contra la disidencia.
Hernández Leyva, integrante de la dirección del Movimiento Opositores por una Nueva República, explicó que los hechos comenzaron después de que no acudió a una citación policial programada para el miércoles.
Según su testimonio sobre este tipo de tortura en Cuba, efectivos de la Seguridad del Estado llegaron hasta la vivienda donde reside, en el reparto Los Pocitos, municipio Marianao, para arrestarlo.
“Fui detenido. La Seguridad del Estado fue a la casa donde vivo yo, en la calle 128 de Los Pocitos, aquí en Marianao, y ahí se me detuvo y se me llevó para la estación de policía”, relató el activista sobre este nuevo episodio de tortura en Cuba.
De acuerdo con su versión, tras permanecer bajo custodia en la Sexta Unidad de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR), las autoridades no realizaron interrogatorios ni formularon preguntas. En cambio, lo trasladaron en un vehículo policial hacia las afueras de la capital cubana.
Tortura en Cuba: Tres horas encerrado bajo temperaturas extremas
El opositor aseguró que la patrulla se detuvo en un área despoblada, donde los agentes descendieron del vehículo y lo dejaron solo en el interior, con las puertas cerradas y sin posibilidad de salir.
“Me dejaron al sol ahí, trancada la patrulla, solo. Tres horas estuve dentro de la patrulla, por poco me desmayo”, denunció.
Según explicó, el calor dentro del vehículo aumentó progresivamente hasta convertir el espacio en un ambiente prácticamente irrespirable.
“Me fui deteriorando poco a poco, perdí toda la fuerza de mi cuerpo. Empecé a sudar bastante. Me faltaba el oxígeno. Me faltaba el ánimo, no tenía fuerza para nada. Parecía que me iba a desmayar, que me iba a ahogar ahí dentro de la patrulla”, agregó.
Hernández Leyva sostuvo que el techo del vehículo intensificó aún más la temperatura.
“El cuerpo se me fue desvinculando, se fue aflojando hasta que casi perdía yo el conocimiento. Imagínate que el techo de la patrulla está hecho de una fibra que calienta la patrulla como un horno. Quiere decir que yo estaba a 40 o 50 grados centígrados de temperatura. Estaba dentro de un horno. No tenía fuerza en el cuerpo”, expresó.
Un método denunciado por organizaciones de derechos humanos
La tortura en Cuba mediante el confinamiento prolongado en patrullas policiales bajo altas temperaturas ha sido documentada en diferentes informes elaborados por organizaciones internacionales dedicadas a la defensa de los derechos humanos.
Este mecanismo de tortura en Cuba, conocido entre activistas como la «patrulla-horno», consiste en mantener al detenido dentro de un vehículo completamente cerrado durante varias horas, aprovechando las elevadas temperaturas que se registran en la isla.
Especialistas han señalado que estas condiciones pueden provocar deshidratación severa, sudoración extrema, falta de oxígeno, taquicardia, mareos, pérdida de conciencia e incluso poner en peligro la vida de la persona retenida.
Además del impacto físico, diversos informes sostienen que este tipo de tortura en Cuba con el aislamiento dentro del vehículo produce una fuerte afectación psicológica, al generar sensación de asfixia, ataques de pánico e incertidumbre sobre lo que ocurrirá con el detenido.
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