Miguel Díaz-Canel presenta la transición energética en Cuba como un logro cuya magnitud todavía no se comprende. Para las familias que dependen de una red inestable, la pregunta es más concreta: cuándo podrán contar con electricidad continua sin tener que financiar su propio respaldo.
«Todavía no nos hemos dado cuenta de la transición energética que estamos protagonizando»
«Todavía no nos hemos dado cuenta de la transición energética que estamos protagonizando», afirmó el presidente de Cuba, Puesto a Dedo en un reportaje de Canal Caribe, el canal oficialista de la televisión cubana, emitido el 8 de octubre.
El contexto de los encuentros está documentado directamente en la crónica de Alina Perera Robbio para la Presidencia cubana, fechada el 8 de octubre. La periodista sitúa los intercambios del miércoles 7 en el Ministerio de Energía y Minas, con representantes de la Unión Eléctrica, Cupet y Geominsal.
La transición energética en Cuba también tiene tareas pendientes
El relato oficial destaca el trabajo político y la aplicación de las 176 transformaciones económicas y sociales. Pero también enumera necesidades materiales: nuevas inversiones en fuentes renovables, un programa de baterías para almacenar energía y mantenimiento de las centrales termoeléctricas.
Rubén Campos Olmo, director general de la Unión Eléctrica, defendió que la entidad mantenga su papel rector y planificador para garantizar la estabilidad del sistema. También planteó acelerar las renovables y generar divisas. Son objetivos de gestión; su anuncio no acredita que el suministro estable ya esté garantizado.
La propia crónica recoge una advertencia de Roberto Morales Ojeda: los cambios deben traducirse en bienestar para la población. Esa condición permite medir la distancia entre el discurso de la dirección del Partido Comunista y lo que finalmente reciben los usuarios.
Más paneles no equivalen a electricidad durante toda la noche
Según el reportaje de Canal Caribe, Díaz-Canel destacó la incorporación de más de 1.000 megavatios de capacidad solar fotovoltaica durante 2025. El mismo material recoge el reconocimiento del ministro Vicente de la O Levy de que conseguir ingresos para sostener las operaciones de la UNE sigue siendo un desafío.
La capacidad instalada es una medida de potencia, no una promesa de generación constante. Para evaluar el efecto de esa expansión hacen falta datos sobre producción efectiva, almacenamiento, demanda y continuidad del servicio, especialmente cuando deja de haber luz solar.
El Departamento de Energía de Estados Unidos explica que combinar generación solar, almacenamiento y controles adecuados puede mejorar la resistencia a los apagones. En instalaciones domésticas conectadas a la red, los paneles por sí solos normalmente no mantienen el suministro cuando esta falla: hacen falta equipos configurados para operar de forma aislada.
Las baterías pueden entregar energía almacenada cuando no hay generación solar suficiente. El alcance de ese respaldo depende del sistema y de las cargas que debe alimentar. Por eso, contar parques o paneles no basta para establecer cuántas horas de servicio recibe una familia.
Siete años de promesas sobre el fin de los apagones
El entusiasmo oficial tiene antecedentes, y están en nuestro propio archivo. En junio de 2019, la Unión Eléctrica descartó que hubiera apagones ese verano. «Pueden ocurrir averías (…), pero no por falta de electricidad», dijo entonces la directiva Elaine Moreno. Menos de un mes después, el ministro Raúl García Barreiro tuvo que explicar cortes en todas las provincias por averías en varias termoeléctricas.
En julio de 2022, el entonces ministro Liván Arronte reconoció en la Mesa Redonda que las reparaciones no llegarían ese verano y que la mejora a corto plazo prometida por Díaz-Canel no se cumpliría. La situación, dijo, «tiene solución», pero «no es inmediata».
En noviembre de 2024, semanas después de la caída total del sistema, Vicente de la O Levy aseguró que los apagones disminuirían en los próximos días, aunque admitió: «El sistema está débil». Un mes más tarde presentó al Parlamento el plan energético para 2025: una disponibilidad promedio de 1.400 MW para un país que necesita más de 3.000.
En 2025 el discurso se mudó a los paneles. En marzo, la UNE celebraba el aporte de nuevos parques solares el mismo fin de semana en que la afectación llegó a 1.624 MW. En julio, Manuel Marrero habló de «reducir los molestos apagones» desde el acto del 26 de julio en Ciego de Ávila. Y en diciembre, De la O Levy reconoció que los cortes seguirían en 2026, con apenas «una disminución moderada de las afectaciones».
Lo que vino fue otra cosa. En julio de 2026 el déficit marcó un récord de 2.341 MW y el sistema nacional volvió a colapsar. El propio ministro admitió ante la Asamblea Nacional que hay comunidades que han pasado hasta 105 días seguidos sin electricidad. «El camino es largo», dijo. Por esos mismos días, en Guanabacoa, a los vecinos que llevaban cuatro días a oscuras y salieron con cacerolas les prometieron la luz «para el sábado».
Con ese historial escuchan hoy los cubanos que están protagonizando una transición energética.
El respaldo privado y las familias que piden ayuda
En Cubanos por el Mundo contamos cómo equipos solares enviados desde Estados Unidos permiten a determinados negocios afrontar los apagones, a partir de un reportaje de Jim Wyss para Bloomberg. Es una salida para quienes pueden adquirir e instalar la tecnología, con una barrera económica que no desaparece porque aumente la oferta de equipos.
También documentamos la petición de ayuda para Yeilin López Labrador, una niña con atrofia muscular, cuya familia buscaba respaldo para los equipos médicos que necesitaba. Es un antecedente de nuestra cobertura, no una actualización sobre el desenlace de aquella solicitud.
La fragilidad de la red quedó expuesta asimismo en la alerta de la Embajada estadounidense tras el colapso eléctrico del 18 de septiembre de 2026. La expansión solar anunciada debe evaluarse frente a esa continuidad pendiente del servicio.
Una transición energética puede aportar beneficios reales. Para demostrar que está cambiando la vida de los cubanos, el régimen debe presentar resultados verificables: menos interrupciones, mantenimiento ejecutado, almacenamiento operativo y acceso al respaldo para quienes no pueden pagarlo. La satisfacción de los dirigentes no sustituye esas respuestas.




