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Miseria castrista: Una madre enferma en Las Tunas sobrevive con su hijo en la extrema pobreza

La miseria castrista sigue destruyendo vidas. Esta vez, en la provincia de Las Tunas, se conoció el caso de una mujer de 38 años, víctima de una leucemia devastadora, quien junto a su hijo pequeño intenta sobrevivir en un estado de abandono absoluto en la comunidad de La Posta, perteneciente al municipio de Majibacoa.

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Miseria castrista: Una madre enferma en Las Tunas sobrevive con su hijo en la extrema pobreza
Foto: Composición CPEM

La miseria castrista sigue destruyendo vidas. Esta vez, en la provincia de Las Tunas, se conoció el caso de una mujer de 38 años, víctima de una leucemia devastadora, quien junto a su hijo pequeño intenta sobrevivir en un estado de abandono absoluto en la comunidad de La Posta, perteneciente al municipio de Majibacoa.

Las imágenes que circulan en redes sociales muestran a una madre consumida por la desnutrición severa, habitando una estructura de madera que apenas se mantiene en pie, un refugio que simboliza el fracaso rotundo de un sistema que presume de justicia social mientras condena a sus ciudadanos a la indigencia más absoluta.

El drama humano frente a la desidia estatal

La indignación estalló en Facebook, donde la crudeza de las fotografías exhibió la verdadera cara de la miseria castrista. Merisleydis Pérez, quien denunció públicamente esta situación, clamó por el auxilio ciudadano ante la indolencia de las instituciones oficiales: «Acudo a la solidaridad que nos caracteriza a los tuneros para aportar un granito de arena y brindar ayuda a esta madre y a su hijo, ya sea con alimentos, ropa, aseo, o cualquier cosita que les sea de utilidad».

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Foto: Facebook

La peticionaria subrayó que, además de alimentos, la enferma requiere urgentemente medicamentos para mitigar los dolores que la leucemia provoca, aceptando cualquier tipo de contribución monetaria con la promesa de gestionar la ayuda de manera transparente.

El abandono, la principal norma de la miseria castrista

Este cuadro de horror humano no es un accidente, es el resultado directo de décadas de desidia. Los habitantes de la zona, hartos de observar cómo el régimen ignora el sufrimiento de los suyos, alzaron la voz con dureza. Un ciudadano profundizó en la fractura social que provoca el régimen: «Al gobierno no le interesa el pueblo en absoluto. El pueblo está abandonado a su suerte… ahí están las consecuencias».

La miseria castrista se manifiesta aquí con una claridad aterradora, dejando a una mujer enferma y a un menor sin un mínimo de protección estatal, obligándolos a depender únicamente de la caridad de sus vecinos.

Para colmo de males, este drama ocurre en un contexto de deshumanización absoluta bajo la Resolución 150/2026. Esta medida, que elimina los topes de precios a productos de primera necesidad como pollo, aceite y leche, funciona como una sentencia de muerte para los sectores más vulnerables.

Los ciudadanos ya denuncian que la miseria castrista se agudizará tras este decreto, ya que las mipymes quedan libres para imponer precios abusivos ante un pueblo que no tiene capacidad de compra.

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La crisis estructural de un sistema fallido

La realidad de Majibacoa es el reflejo de una provincia en decadencia. Las cifras son frías pero lapidarias: Las Tunas perdió el 11,5 % de su población en ocho años. Mientras la infraestructura se cae a pedazos y el acueducto brilla por su ausencia en la cabecera municipal, los pacientes oncológicos agonizan por la falta de fármacos.

El régimen admite, a través de sus propios directivos, que no cuenta con presupuesto para la asistencia social, confirmando que la miseria castrista es la política de Estado fallido. Desde enero de 2025, la crisis de medicamentos en BioCubaFarma alcanzó niveles críticos, dejando a más del 64 % de los fármacos fuera del alcance de quienes luchan contra el cáncer.

La solidaridad como único refugio

Esta cadena de abandono se repite incansablemente en cada rincón de la isla. La miseria castrista se nutre de la enfermedad y el desamparo, obligando a los cubanos a organizar redes de apoyo improvisadas para evitar que sus seres queridos mueran en el olvido.

Mientras la cúpula dirigente se atrinchera en sus privilegios, el pueblo continúa atrapado en un ciclo de desnutrición y enfermedad, esperando una ayuda que, bajo este sistema opresor, jamás llegará por los canales institucionales.

Mateo Orozco

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