La promoción de la estevia en Cuba como alternativa para endulzar alimentos retrata una de las paradojas más amargas de la economía nacional: una isla que llegó a ser potencia mundial del azúcar ahora experimenta con una planta extranjera mientras sus centrales permanecen paralizados, los cañaverales desaparecen y el régimen no consigue producir siquiera lo necesario para el consumo interno.
Un reporte de la televisión estatal presentó el cultivo de la Stevia Rebaudiana en Holguín como una novedosa apuesta destinada a “diversificar la oferta a los agricultores”. El medio oficial explicó que la especie, utilizada ancestralmente por los guaraníes y descrita científicamente a finales del siglo XIX, se estudia desde hace años en la isla.
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La planta, originaria de Paraguay, posee hojas con una capacidad edulcorante entre 100 y 300 veces superior a la del azúcar, según declaró Yelenys Alvarado, investigadora de la Universidad Central de Las Villas. También puede ayudar a regular la glucosa, no aporta calorías y resulta relativamente fácil de cultivar en espacios pequeños.

El problema no está en las propiedades de la estevia, cuyo aprovechamiento puede ser positivo, sino en la propaganda que presenta como diversificación científica lo que en realidad ocurre en medio de una debacle productiva sin precedentes.
La estevia en Cuba aparece cuando ya no alcanza el azúcar
El interés oficial por la estevia en Cuba coincide con el peor momento de la industria azucarera en más de un siglo. La zafra 2024-2025 habría terminado por debajo de las 150.000 toneladas, menos de la mitad de lo planificado por el régimen.
Estimaciones anteriores de Reuters ya advertían que la producción caería por debajo de las 200.000 toneladas. La estatal Azcuba había proyectado 265.000, pero el resultado quedó aproximadamente 100.000 toneladas por debajo. Cuba, que consume históricamente hasta 700.000 toneladas anuales, debe importar azúcar para cubrir sus necesidades más elementales.
No se trata únicamente de que falte azúcar en las bodegas. El desplome afecta la fabricación de rones, medicamentos, bebidas, alimentos y alcoholes industriales. Entre 2019 y 2024, la producción de alcohol al 96 % derivado de la caña cayó alrededor de un 70 %, pasando de 573.000 a 174.000 hectolitros.
De la zafra de Fidel Castro a la estevia en Cuba
La historia hace todavía más grotesco el contraste. En 1970, Fidel Castro movilizó al país alrededor de la llamada Zafra de los Diez Millones. Escuelas, universidades, empresas y otras actividades productivas fueron subordinadas a una meta concebida como demostración de superioridad revolucionaria.
Cuba no alcanzó los diez millones y otros sectores económicos quedaron severamente afectados. Aunque la cosecha rondó los 8,5 millones de toneladas, el episodio reveló uno de los vicios fundamentales del modelo castrista: sustituir el cálculo económico por consignas políticas y decisiones personalistas.

En 1989, sostenida por los subsidios y los intercambios preferenciales con la Unión Soviética, la isla todavía produjo unos ocho millones de toneladas y figuraba entre los mayores exportadores mundiales. Actualmente genera una fracción minúscula de aquella cantidad y debe comprar en el exterior un producto que durante generaciones identificó a Cuba ante el mundo.
El fracaso económico que la propaganda intenta endulzar
La introducción de la estevia en Cuba no puede reparar centrales desmantelados, recuperar miles de hectáreas abandonadas ni devolver la autonomía a los productores. Tampoco resolverá la escasez de combustible, fertilizantes, lubricantes, piezas de repuesto y trabajadores que golpea al sector.
Las sanciones estadounidenses y las dificultades externas influyen en determinados suministros, pero no explican seis décadas de centralización, expropiaciones, salarios sin incentivos, inversiones equivocadas y destrucción del tejido productivo. La propia prensa oficial reconoce constantemente averías, incumplimientos y deficiente administración.
El régimen cerró numerosos ingenios desde comienzos de este siglo y redujo drásticamente la infraestructura que heredó. Después de prometer industrialización, abundancia y soberanía, el castrismo convirtió a una potencia azucarera en importadora de azúcar.
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Cultivar estevia puede ser útil como complemento agrícola y opción saludable. Presentarla como respuesta productiva, sin reconocer las causas del desastre, constituye otro ejercicio de propaganda. Al final, la llamada “planta milenaria” no endulza la realidad: la hace más irónica.